En una conversación con la prensa, Melconian abordó la reciente agenda gubernamental, que incluye las gestiones del presidente Javier Milei para atraer inversiones en el exterior, junto a gobernadores, y las advertencias del ministro de Economía, Luis Caputo, en torno a la posible dolarización de carteras. En este contexto, el economista criticó la comunicación del Gobierno: “Yo no comparto este tipo de comunicación (…) Lo que no puedo creer es que les preocupe el año electoral y no les preocupe lo que viene ocurriendo, porque eso atenta contra el nivel de actividad”, afirmó.
Melconian apuntó que la demanda de dólares trasciende un fenómeno electoral, considerándolo un problema macroeconómico persistente. Indicó que las inconsistencias cambiarias actuales se originaron en abril del año pasado, tras la flexibilización de las restricciones cambiarias para personas físicas. “Hubo desesperación por liberar (el cepo), liquidar las retenciones y colocar deuda el primer día, y se terminó con un control de cambio, las vueltas de las retenciones y el reperfilamiento de la deuda. Entonces, hay que calmar la ansiedad”, analizó.
A pesar de que el país experimenta un “milagro exportador” que aporta un superávit comercial significativo, Melconian comentó que este capital no logra traducirse en un respaldo financiero suficiente para avanzar hacia la libre operación del mercado cambiario. Según sus estimaciones, la dolarización por parte de los individuos —provocada por gastos en turismo, consumos en el exterior y atesoramiento— podría alcanzar una cifra cercana a los u$s 100.000 millones, lo que, según Melconian, absorbería completamente el superávit comercial acumulado.
“Todo ese superávit comercial termina en ‘Margarita para los chanchos’. Estamos frente a un fenómeno donde 2 millones de personas compran dólares”, insistió.
La situación financiera se complica aún más al considerar los vencimientos externos del país. “Si un país tiene cero reservas y tiene que pagar u$s 10.000 millones al año de intereses de deuda, tenés que tener un régimen donde te permitís cumplir con ese objetivo”, enfatizó.
Al referirse al valor de la divisa, el economista se mostró distante de posturas extremas. “Yo no pertenezco a ningún club de devaluadores”, aclaró mientras discutía la conveniencia de un ajuste en el tipo de cambio. Sin embargo, subrayó la importancia de permitir mayor flexibilidad en el esquema actual. “Si el tipo de cambio desliza porque tiene dentro de una banda un espacio fenomenal para ir, lo puede hacer tranquilamente”.
Finalmente, sostuvo que permitir este tipo de movimiento dentro del margen operativo de la banda cambiaria no constituye un peligro para la estabilidad, considerándolo más bien una corrección técnica necesaria que debe llevarse a cabo sin demoras.



















