Sea Lion es desarrollado junto con la empresa israelí Navitas Petroleum y se encuentra en el centro de una disputa con el Gobierno argentino, que aplicó sanciones comerciales contra compañías vinculadas con actividades hidrocarburíferas en las islas. Pese a este escenario, Rockhopper confirmó que mantiene su participación del 35% en el proyecto, mientras que Navitas posee el 65% restante y está a cargo de la operación.
La compañía británica prevé que la producción de petróleo comience durante el primer trimestre de 2028. Según la auditoría realizada por Netherland, Sewell & Associates (NSAI), el yacimiento cuenta con 314 millones de barriles de reservas probadas y probables, mientras que la estimación podría elevarse a 408 millones de barriles si se incorporan las reservas posibles.
La primera etapa del desarrollo contempla la utilización del buque flotante de producción, almacenamiento y descarga Aoka Mizu, con una producción inicial proyectada de 50.000 barriles diarios a partir de 11 pozos. Para una segunda fase, cuya decisión final de inversión está prevista para 2028, Navitas planea utilizar el FPSO OSX-1, adquirido en agosto, con una producción inicial estimada para 2030.
De acuerdo con Rockhopper, la utilización de ambas unidades permitiría elevar la producción del proyecto hasta 180.000 barriles diarios. La compañía también señaló que una ampliación de capital de US$200 millones garantiza el financiamiento de sus actividades hasta mediados de 2028.
El desarrollo de Sea Lion se produce mientras el Gobierno argentino profundiza las medidas contra las empresas que operan en las Islas Malvinas y sus aguas circundantes. La administración sostiene su reclamo de soberanía sobre el territorio y considera ilegítimas las actividades hidrocarburíferas desarrolladas sin autorización argentina.
Entre las iniciativas impulsadas por el Gobierno se encuentra un proyecto para reforzar el régimen de sanciones vigente desde 2011, que contempla penalizaciones para empresas, accionistas y proveedores vinculados con las actividades hidrocarburíferas en el área.
En paralelo, surgieron cuestionamientos sobre la viabilidad técnica y económica de Sea Lion. Un especialista argentino en evaluación de proyectos petroleros puso el foco en los supuestos de producción, el volumen de reservas y las necesidades de financiamiento y servicios para avanzar con las distintas etapas.
Según ese análisis, para alcanzar las reservas asignadas al proyecto cada pozo debería recuperar aproximadamente 14 millones de barriles durante su vida útil. También se estima un costo de capital cercano a los US$36 millones por pozo, incluyendo perforación e infraestructura. El especialista consideró que los datos públicos disponibles no permiten determinar que esos valores unitarios sean razonables.
La auditoría de NSAI establece 314 millones de barriles de reservas recuperables entre las categorías probadas y probables, mientras que la incorporación de reservas posibles eleva la estimación a 408 millones. Sin embargo, el análisis técnico advierte que los recursos contingentes y prospectivos presentan un mayor grado de incertidumbre y que su evaluación dependerá del rendimiento de los primeros pozos.
La primera etapa de Sea Lion contempla 11 pozos y una producción de 50.000 barriles diarios. La eventual expansión hasta 180.000 barriles dependerá del desempeño de esa fase inicial y de nuevas inversiones. Según el análisis citado, aunque el financiamiento de la primera etapa está contemplado, una segunda fase requeriría un desembolso significativo y estaría condicionada por los resultados obtenidos durante el comienzo de la producción.
El especialista también comparó la escala y el nivel de desarrollo de Sea Lion con Vaca Muerta. Según su análisis, la formación argentina cuenta con 8.134 millones de barriles descubiertos, mientras que los 232 millones de barriles asignados a Sea Lion representan alrededor del 3% de ese volumen.
La comparación también contempla el grado de desarrollo de ambas áreas. Vaca Muerta cuenta actualmente con producción sostenida, infraestructura, operadores y un horizonte de desarrollo de largo plazo, mientras que Sea Lion atravesó distintas postergaciones desde 2015 y todavía se encuentra en una etapa previa al inicio de la producción.
Las sanciones argentinas y la importancia de Vaca Muerta para las empresas de servicios petroleros también aparecen como factores de riesgo para Sea Lion. El análisis técnico advierte que las dificultades para contratar proveedores especializados podrían aumentar los riesgos operativos y generar demoras, particularmente por las condiciones marítimas de la zona.
Con el inicio de la producción previsto para 2028, el proyecto deberá atravesar primero la etapa inicial de perforación y comprobar el rendimiento de sus pozos. La continuidad hacia una segunda fase de desarrollo dependerá de esos resultados, de la disponibilidad de financiamiento y de las condiciones operativas y regulatorias que enfrente el proyecto.




















