Tomás Pérsico, de 26 años y oriundo de Pergamino, lleva más de 15 años inmerso en el universo del circo. Como acróbata aéreo, artista de circo y director artístico, su trayectoria comenzó en una escuela local, donde lo que empezó como un pasatiempo terminó por convertirse en su vocación.
Recientemente, se encontró ante la oportunidad de audicionar para un director de casting del Cirque du Soleil. Sin embargo, necesitaba la ayuda de alguien para cumplir con los requisitos de la presentación. Su elección fue su padre, Alejandro, quien carecía de experiencia en el ámbito circense, pero se dedicó a aprender para apoyar a su hijo en la búsqueda de su sueño.
Tomás relató cómo fue compartir este significativo desafío con Alejandro y recordó las intensas sesiones de ensayo que precedieron a la audición. Alejandro, por su parte, reconoció que vivió la experiencia “con mucho miedo y nervios”, pero también con un gran orgullo: “Él vivió su gran sueño y yo estuve a su lado en ese momento”.
La oportunidad de audicionar para el Cirque du Soleil representaba una ocasión que Tomás no estaba dispuesto a dejar escapar. El propósito era que el equipo de casting pudiera conocer personalmente a varios artistas argentinos previamente seleccionados y observar sus actuaciones en vivo.
Sin embargo, surgió un inconveniente: para llevar a cabo sus actos de acrobacia aérea, requería un asistente que lo ayudara con los elementos. No encontraba a nadie disponible, por lo que pensó en su padre, aquel que siempre estuvo presente en sus proyectos a pesar de su falta de experiencia artística.
“Cuando le pedí ayuda, me dijo que sí sin dudarlo”, recuerda Tomás. El reto fue significativo para ambos, ya que contaron con solo cuatro encuentros para que Alejandro aprendiera dos coreografías y comprendiera en qué momentos debía ejecutar sus movimientos.
Los ensayos fueron extensos y se extendieron hasta bien entrada la noche. Para Alejandro, de 60 años y con más de 25 años en el ámbito de cartelería, todo era un desafío completamente nuevo: “Lo viví con mucho miedo. Cada error podía arruinarlo todo, y con mi memoria limitada, sentía una gran ansiedad”.
A la presión se sumó un contratiempo inesperado. Durante la semana previa a la audición, Tomás sufrió de neumonía, pero llegó con determinación al día de la presentación. Su padre, concentrado en recordar cada detalle de la coreografía, se sintió un apoyo crucial en ese instante. “Me hizo sentir en ese momento su sostén más importante para estar ahí junto a él”, comentó Alejandro.
La audición no garantizaba una incorporación inmediata. Tomás había sido seleccionado anteriormente para una instancia presencial en la que el equipo de la compañía podía conocer a diversos artistas argentinos y evaluar sus perfiles para futuras producciones.
Las críticas sobre su actuación fueron muy positivas, y Tomás se retiró satisfecho. Ahora, solo resta esperar que surja una producción que se ajuste a su perfil y que sean convocados. “Si llega, llegará”, afirma.
Al llegar al lugar de la audición, Alejandro imaginaba un gran número de artistas. Sin embargo, solo había cerca de 30. Les comunicaron que habían sido convocados aquellos con mayores posibilidades de ser considerados por la compañía. En ese instante, Alejandro pudo dimensionar la magnitud de lo que estaba viviendo junto a su hijo.
“Él vivió su gran sueño y yo estuve a su lado. Me encantó, me fortaleció como padre”, expresó Alejandro. Durante la presentación, sintió que Tomás confiaba en su apoyo y que su papel, aunque fuera en un segundo plano, era esencial para que su hijo pudiera brillar.
Al finalizar el acto, Tomás recibió el reconocimiento del público, y Alejandro sintió que el esfuerzo de esos días había valido la pena. “Fue algo maravilloso y verlo a él recibir aplausos generó un orgullo inmenso, difícil de describir”, aseguró.
Para Tomás, la audición fue particularmente significativa. No solo pudo mostrar su talento ante el equipo de una de las compañías circenses más renombradas a nivel mundial, sino que lo hizo acompañado por quien lo llevó al circo en su infancia.
“Mi papá no tenía obligación de aprender todo esto y estaba completamente fuera de su zona de confort, pero desde que le pedí ayuda, se comprometió conmigo”, enfatiza Tomás.
Esta vez, aquel niño que admiraba el circo desde las butacas llegó al escenario con su padre al costado, ayudándolo a acercarse a uno de sus sueños más anhelados.




















