A nivel local, la situación más relevante es que los precios de los combustibles no disminuirán en el corto plazo. Después de un aumento promedio del 23% en el costo de la nafta y el gasoil, las empresas petroleras que operan en Argentina han acordado mantener un congelamiento de precios, que actúa como un “mecanismo de estabilización” para los consumidores.
Este ajuste se implementó con un umbral en torno a 95 dólares por barril. Si el precio del crudo superaba este valor, las empresas asumieron el costo de financiar a los consumidores durante aproximadamente 60 días, estimando un gasto mensual de 150 millones de dólares, al no aumentar los precios al público. En cambio, si los precios caen, como ha sucedido recientemente, los consumidores están financiando a las compañías y no se benefician con una reducción en los precios. Horacio Marín, presidente de una de las principales empresas del sector, lo describió así: “yo te ayudo, vos me ayudás”.
Un ejecutivo del sector calculó que es probable que los precios de la nafta y el gasoil permanezcan sin cambios al menos durante julio y parte de agosto, siempre que el petróleo se mantenga en estos niveles. Si los precios del crudo siguen bajando, se podría acelerar la recuperación de los ingresos que las compañías no lograron obtener anteriormente, al haber vendido combustibles a precios que se encontraban más de un 15% por debajo de su paridad de importación.
Otro directivo agregó que durante los 106 días del conflicto en Medio Oriente, los precios en los surtidores permanecieron rezagados durante 92 días, mientras que en lo que va de junio, el peso argentino se devaluó un 5% frente al dólar. Con el tipo de cambio, impuestos y biocombustibles constantes, si el crudo se estabiliza en 80 dólares, la nafta tardará tres meses en bajar, lo que ocurriría alrededor de mediados de septiembre; si se mantiene en 75 dólares, el tiempo estimado sería de dos meses, hacia mediados de agosto.
La posibilidad de una reducción del 20% en los precios de la nafta y el gasoil, para volver a los niveles antes de la guerra, tendría un efecto directo de 0,8% sobre la inflación, según estimaciones de diversas consultoras.
Además, se anticipa que el efecto indirecto seguirá su curso, ya que una baja en la inflación podría desacelerar también los aumentos de tarifas y precios indexados, como los de la electricidad, el gas, el transporte público, los peajes y los servicios de salud privados.
En este contexto, el Gobierno podría decidir actuar para reducir la inflación, que es considerada su principal logro económico, o podría aprovechar la oportunidad para incrementar los impuestos a los combustibles, conforme a la normativa vigente.
La brecha impositiva se encuentra en 256,20 pesos por litro de nafta y 114,50 pesos por litro de gasoil, según los cálculos de una consultora. Por no actualizar estos impuestos, el Tesoro deja de recaudar aproximadamente 150 millones de dólares al mes, lo que equivale a un 0,3% del Producto Interno Bruto anual, una suma que podría destinarse a aliviar el ajuste del gasto público.
Por otro lado, la caída en el precio del petróleo también afectará las cuentas externas de Argentina, tanto en el ámbito de las exportaciones como de las importaciones. Gran parte del superávit comercial histórico acumulado hasta la fecha se debe al rendimiento del sector energético, donde el petróleo crudo ha sobrepasado al maíz y la soja como el principal producto de exportación, acompañado de una fuerte disminución en las compras de gasoil, gas natural y gas licuado.
El descenso en el precio del crudo, principal producto de exportación, disminuirá la generación de divisas. Argentina exporta más de 300.000 barriles diarios, principalmente a Estados Unidos y Chile; cada movimiento de un dólar en el valor del petróleo representa una diferencia cercana a 9 millones de dólares al mes.
En la otra cara de la moneda, el término del conflicto también ha aliviado el precio del Gas Natural Licuado (GNL) y del gasoil que Argentina importa. El Gobierno ha licitado recientemente la importación de cargamentos de gas licuado para agosto, con precios futuros que han caído hasta 13 dólares por millón de BTU. En dicho mes se espera la descarga de siete buques, con un costo total de aproximadamente 200 millones de dólares.




















