El organismo de las Naciones Unidas advirtió sobre los posibles efectos en las lluvias, temperaturas y producción agrícola, aunque subrayó que los pronósticos permiten implementar medidas que ayuden a mitigar los daños.
Este fenómeno alcanzaría su máxima intensidad hacia finales de año, pero es probable que sus efectos climáticos se extiendan durante gran parte de 2027. La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, originaria de Argentina, mencionó que lo observado hasta ahora “podría ser más potente que todo lo registrado desde que comenzó nuestro monitoreo” hace 40 años.
“El Niño está claramente establecido y se intensificará hasta convertirse en un fenómeno muy fuerte en los próximos meses, lo que generará impactos significativos en los patrones de precipitación y temperatura, así como riesgos asociados a inundaciones, sequías y olas de calor”, manifestó la OMM.
El fenómeno se caracteriza por un incremento en la temperatura de la superficie del océano en el centro y este del Pacífico ecuatorial, lo que altera los patrones de vientos, presión y precipitaciones en diversas regiones del mundo. Suele presentarse cada dos a siete años y su duración habitual es de entre nueve y doce meses.
Actualmente, las mediciones reflejan una notable intensificación. El índice que captura las anomalías de temperatura del océano en el Pacífico ecuatorial central tuvo un promedio de 1,5 °C por encima de lo normal entre mayo y julio. Entre finales de julio y mediados de agosto, los registros semanales variaron entre 2,2 °C y 2,6 °C por encima del promedio.
Más allá de la superficie, las temperaturas submarinas en algunas zonas del Pacífico tropical superaron en más de 8 °C la media durante el mes de julio y principios de agosto.
António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, alertó que “El Niño se está volviendo gigantesco ante nuestros ojos” y enfatizó que “la ciencia no deja lugar a dudas: el planeta se encuentra en aguas desconocidas, y esas aguas se están calentando”.
Este fenómeno no es provocado por el cambio climático, aunque los especialistas anticipan que podría contribuir a un aumento adicional de las temperaturas en un mundo que ya padece el calentamiento asociado a la quema de combustibles fósiles, intensificando diversos eventos climáticos extremos.
El Niño generalmente alcanza su máximo hacia finales del año, aunque el incremento de calor en los océanos tarda más tiempo en liberar su energía a la atmósfera. Por esta razón, su impacto sobre las temperaturas globales puede perdurar en los doce meses siguientes. El año más caluroso registrado fue 2024, tras el anterior episodio de El Niño.
En América Latina, varios países ya han tomado medidas en respuesta al fenómeno. Panamá y El Salvador han declarado estados de emergencia, y en Panamá se ha restringido el tráfico de buques por la vía interoceánica. Ecuador ha establecido una alerta roja debido a la intensa activación de El Niño. La OMM también mencionó acciones preventivas en Perú y medidas implementadas en naciones de Asia.
A pesar de las advertencias, Saulo buscó transmitir un mensaje de cautela ante la relación entre la intensidad del fenómeno y la aparición de desastres. “El Niño no tiene por qué ser una receta para el desastre. Contamos con pronósticos y capacidades de anticipación necesarias para salvar vidas y proteger los medios de subsistencia”, afirmó en una conferencia de prensa.
La secretaria general de la OMM enfatizó que el mensaje principal del organismo es un “llamado a la acción” para que los gobiernos y los sectores más vulnerables tomen medidas preventivas. “La ciencia es clara. Tenemos los conocimientos y las herramientas para evitar que los peligros asociados con El Niño se conviertan en una crisis”, sostuvo.
El jefe de Predicción Climática de la OMM, Wilfran Moufouma-Okia, explicó que las previsiones sugieren una probabilidad cercana al 100% de que el fenómeno se mantenga activo entre septiembre y noviembre, continuando hasta febrero de 2027. Sin embargo, acotó que esto no implica que todos los países enfrentarán inundaciones, sequías o olas de calor.
Además, los efectos varían según cada episodio y región. Los eventos significativos suelen estar ligados a sequías en zonas de la Amazonía, Indonesia y Australia, alteraciones en los monzones de India y cambios en las precipitaciones en regiones tropicales.
Para el periodo entre septiembre y noviembre, los pronósticos de la OMM también indican una mayor probabilidad de temperaturas superiores a los valores normales en casi todas las zonas terrestres.
Uno de los mayores riesgos que menciona la OMM está relacionado con la agricultura y la seguridad alimentaria. Una disminución en la producción podría reducir la disponibilidad de alimentos y causar aumentos de precios, afectando a millones de personas.
Saulo indicó que los gobiernos todavía tienen tiempo para implementar decisiones preventivas en la producción agrícola, mencionando la posibilidad de seleccionar diferentes variedades de semillas acorde a los escenarios previstos para cada región, ya sea por aumento de precipitaciones, escasez de agua o temperaturas más altas.
“Este El Niño excepcional tiene el potencial de causar un daño devastador a las comunidades y economías en todo el mundo”, advirtió la secretaria general de la OMM.
La funcionaria observó que ya se están registrando perturbaciones relacionadas con sequías e inundaciones, y vaticinó que los impactos podrían incrementarse a medida que el fenómeno se intensifique. Por esta razón, insistió en la necesidad de adoptar medidas preventivas no solo en la agricultura, sino también en otros sectores vulnerables a las condiciones climáticas, como salud, energía y agua. “No hay tiempo que perder”, concluyó Saulo.
La OMM enfatizó, no obstante, que un fenómeno de gran intensidad no determina por sí solo la magnitud de los daños. La capacidad de previsión, los pronósticos y las acciones tomadas por cada país serán fundamentales para mitigar las consecuencias de un episodio que, según las proyecciones actuales, continuará fortaleciéndose en los próximos meses.



















