Por el momento, el escenario no es considerado una situación de tensión cambiaria comparable con otros episodios registrados antes de elecciones legislativas. Sin embargo, distintos indicadores muestran una mayor búsqueda de cobertura y una intervención más activa de las autoridades económicas.
Entre las señales se encuentra el crecimiento de la demanda de instrumentos vinculados con la evolución del dólar y la participación del Tesoro en el mercado para atender parte de la demanda de divisas. Al mismo tiempo, el Banco Central redujo sus compras de dólares para evitar generar una presión adicional sobre el tipo de cambio.
El nivel de $1.500 comenzó a funcionar como una referencia relevante para el mercado. El dólar mayorista se mantiene desde hace varias semanas cerca de ese valor, mientras aumentó el interés de empresas e inversores por instrumentos destinados a cubrirse frente a una eventual suba de la cotización.
La búsqueda de cobertura no resulta inesperada en un período previo a elecciones, ya que estos procesos suelen incrementar la demanda de activos que permitan reducir la exposición a posibles cambios en el escenario económico. Sin embargo, el movimiento actual comenzó con mayor anticipación respecto de otros ciclos electorales.
El Gobierno considera que enfrenta este período con una posición diferente a la de etapas anteriores, debido a una mayor capacidad de intervención del Banco Central y a la disponibilidad de distintas herramientas para contener eventuales episodios de presión cambiaria.
Entre esas alternativas se encuentran las operaciones con reservas, los instrumentos de cobertura y el manejo de la liquidez en pesos. El objetivo es contar con mecanismos para intervenir si el tipo de cambio se acerca al límite superior de la banda cambiaria.
Las señales oficiales comenzaron a acumularse durante los últimos días. Por primera vez desde principios de enero, el Banco Central dejó de comprar divisas en el Mercado Libre de Cambios. En esa misma jornada, el Tesoro habría vendido cerca de US$146 millones en el mercado contado.
También se observó una administración más activa de la liquidez en pesos y una mayor presencia de bonos del Tesoro vinculados con la evolución del dólar.
El nivel del tipo de cambio también plantea un interrogante sobre la política de tasas de interés. Una de las cuestiones centrales para el mercado es hasta qué punto el Gobierno está dispuesto a utilizar las tasas para evitar que el peso se deprecie por encima de los $1.500.
La estabilidad cambiaria constituye, además, una herramienta para contener la inflación y favorecer la demanda de activos denominados en pesos. En distintos períodos en los que el Banco Central consiguió acumular mayores reservas también se registró una menor volatilidad del tipo de cambio.
En 2024, por ejemplo, la estabilidad estuvo asociada al esquema de crawling peg, mientras que entre febrero y mayo de este año el dólar permaneció prácticamente estabilizado alrededor de los $1.400.
Al mismo tiempo, aumentó la oferta oficial de instrumentos de cobertura cambiaria. Durante julio, el sector público consolidado incrementó en aproximadamente US$5.000 millones la oferta de estos instrumentos, principalmente mediante bonos dólar linked y títulos duales ajustados por la tasa de interés mayorista en pesos o por la evolución del tipo de cambio.
De esta manera, el stock total de cobertura cambiaria se acercó a los US$11.240 millones, luego de haber aumentado más de US$8.000 millones desde finales de mayo. En octubre de 2025, antes de las elecciones legislativas nacionales, ese volumen había alcanzado casi US$15.300 millones.
La mayor oferta de cobertura también estuvo vinculada con la estabilidad del dólar durante julio y con compras de reservas que superaron los US$2.100 millones.
El mecanismo permite que el Banco Central intervenga en el mercado de cambios mientras ofrece alternativas de cobertura para aquellos agentes que buscan protegerse de una eventual depreciación del peso. El desafío hacia adelante será sostener este esquema sin necesidad de ampliar la oferta de estos instrumentos al mismo ritmo.
Durante los primeros días de agosto también aumentó el interés por los contratos de dólar futuro y por los bonos vinculados con la evolución del tipo de cambio, en un contexto en el que el dólar mayorista volvió a acercarse al umbral de los $1.500.
Hasta el momento, la cotización no logró superar ese nivel y las expectativas implícitas de devaluación permanecen por debajo del 2% mensual para los próximos meses.
Las reservas internacionales, por su parte, continúan por encima de los niveles registrados al comienzo del año. El stock llegó a superar momentáneamente los US$50.000 millones, aunque posteriormente retrocedió hacia la zona de los US$49.000 millones tras el pago de intereses al Fondo Monetario Internacional.
A pesar de esa mejora, las compras de divisas realizadas por el Banco Central en el mercado oficial continúan siendo reducidas. El promedio diario se ubicó en torno a los US$28 millones durante el período analizado.
El Banco Central sostiene que llega a esta etapa con una capacidad de intervención superior a la de un año atrás. La estrategia oficial se apoya principalmente en la acumulación de reservas, aunque también incluye otros instrumentos destinados a intervenir sobre el mercado cambiario y financiero.
En su Informe de Política Monetaria, el organismo señaló que durante los primeros siete meses del año fortaleció su margen de acción mediante la recomposición de distintos mecanismos de intervención. A la mejora de las reservas líquidas se sumó la recuperación del mercado de futuros y de los swaps de monedas.
Según el organismo, la mejora de las condiciones de liquidez en moneda extranjera superó los US$20.000 millones en lo que va del año. El cálculo contempla tanto el incremento de las reservas disponibles como la recuperación de instrumentos financieros que permiten intervenir sin recurrir directamente a la venta de divisas.
Otro elemento de la estrategia fue la renovación por cinco años del tramo activado del swap de monedas con el Banco Popular de China, por un equivalente a US$19.000 millones. El acuerdo permitió despejar uno de los principales vencimientos que enfrentaba el Banco Central y reforzar el respaldo de las reservas internacionales.
En paralelo, el mercado cambiario atraviesa una etapa de mayor apertura para las empresas, aunque todavía permanecen algunas restricciones que el Gobierno no prevé flexibilizar por el momento.
El Banco Central habilitó nuevamente el giro de utilidades al exterior y avanzó en la normalización del pago de importaciones y de deuda comercial.
De acuerdo con el Informe de Política Monetaria, entre enero y julio las empresas remitieron al exterior alrededor de US$3.300 millones en dividendos. A su vez, la amortización de los Bopreal permitió reducir aproximadamente a la mitad la deuda comercial acumulada por los importadores antes de diciembre de 2023.
A la demanda de dólares de las personas físicas se sumó durante los últimos meses una mayor participación del sector corporativo, que comenzó a girar utilidades a sus casas matrices, principalmente desde actividades vinculadas con la energía y la minería.
El Banco Central también detectó diferencias en el comportamiento de los ahorristas respecto de 2025. Actualmente, alrededor del 75% de los dólares adquiridos para atesoramiento permanece depositado dentro del sistema financiero.
El promedio mensual destinado al atesoramiento, sin considerar el uso de tarjetas de crédito en dólares, se ubica en aproximadamente US$1.100 millones. A esto se suma una demanda cercana a los US$2.000 millones mensuales cuando se incorpora el gasto con tarjetas.
La evolución de esta oferta y demanda de divisas será determinante para el comportamiento del dólar durante los próximos meses. El Gobierno llega a esta etapa con un conjunto de herramientas de intervención que busca utilizar para evitar que el tipo de cambio supere el nivel de referencia que comenzó a observarse en torno a los $1.500.




















