En lo que respecta a este año, el indicador elaborado por JP Morgan ha registrado una disminución de 132 unidades, equivalente a un 23,5%. Actualmente, se encuentra en cifras que no se observaban en los últimos ocho años, desde 2018, bajo el gobierno de Mauricio Macri. El 10 de julio, alcanzó los 402 puntos, el mínimo durante la administración de Javier Milei, pero no ha logrado consolidarse por debajo de los 400.
El viceministro de Economía, José Luis Daza, celebró recientemente la mejora en la calificación crediticia otorgada por Moody’s, sugiriendo que podría facilitar que el indicador pudiera bajar de la barrera de los 400 puntos. “Ese es el objetivo: al avanzar, el riesgo país debería bajar a 300 puntos base”, afirmó en una entrevista. Sin embargo, la reacción del mercado fue moderada: el indicador disminuyó 11 unidades, ubicándose en 410 puntos. Al día siguiente, el riesgo país repuntó en 27 unidades, alcanzando los 437 puntos, impactado por la coyuntura internacional.
Desde el equipo de análisis de Puente indicaron que Moody’s es la tercera agencia en calificar a Argentina en la categoría B-. Dado que el ajuste ya había sido anticipado después de las decisiones de Fitch Ratings y S&P Global en meses previos, “el nuevo nivel de calificación ya estaba incluido en el precio de los bonos”.
Fernando Camusso, director de Rafaela Capital, resaltó la reciente disminución del riesgo país, pero subrayó que esta estabilización cerca de los 400 puntos indica “el límite de lo que el mercado está dispuesto a descontar solo con buenos fundamentos”, refiriéndose a la confianza de los inversores respecto a la capacidad de pago del país, considerando su historial de incumplimientos. Aunque gran parte de la reducción ocurrió en títulos de corto y medio plazo, la situación es diferente en el tramo largo, donde “la pendiente sigue siendo más empinada” debido a que “el mercado aún no valida la sostenibilidad del programa económico más allá de 2027”.
El analista apuntó que la incertidumbre en torno a las elecciones presidenciales del próximo año está relacionada con la viabilidad de las reformas actuales ante un posible cambio de gobierno, aunque hay expectativas de reelección para Javier Milei. “Mientras persista esa duda, el riesgo país tiene un piso que ningún dato fiscal, por bueno que sea, puede franquear solo”, advirtió.
Además, se debe considerar “un contexto financiero externo menos favorable”, marcado por tasas de interés más elevadas en bonos estadounidenses a largo plazo, lo que reduce el atractivo de los títulos de países emergentes. En el caso de Argentina, el perfil de vencimientos en 2027 es de aproximadamente US$31.000 millones, “un monto que requiere que el mercado externo esté genuinamente abierto para el país, no solo optimista”.
El economista Martín Polo coincidió en que el riesgo país ha alcanzado un “piso” y que su descenso será “más moderado” debido a la compraventa de activos en vista de las elecciones y a un entorno internacional “más complicado”. Advirtió: “Ahora, lo que podría hacer disminuir el riesgo país de forma más acelerada sería que los datos de actividad y sociales mejoren notablemente”.
“Para alcanzar los 300 puntos, sería necesario observar una macroeconomía más favorable, que impulse significativamente los salarios y que el optimismo derivado de la desinflación se consolide”, afirmó Polo. En este sentido, enfatizó el último informe del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que divulgó el Indec, indicando un comportamiento “en serrucho” ya que “la economía no está despegando en todos los sectores”. “Veremos si en el segundo y tercer trimestre la actividad se recupera más rápidamente”, concluyó.
Por su parte, Pedro Siaba Serrate, responsable de Investigación y Estrategia en Portfolio Personal Inversiones, explicó que el resurgimiento de tensiones en Medio Oriente “frenó la disminución de la inflación en Estados Unidos” y que la alta demanda de capital impulsada por el avance de la inteligencia artificial está presionando al alza las tasas de interés reales en ese país. Esto disminuye el atractivo relativo de los activos de economías emergentes, como Argentina.
A pesar de que el promedio de los países con calificaciones de crédito B- más líquidos rinde entre 70 y 95 puntos básicos por debajo de los títulos soberanos, consideró “lógico” que esta brecha se reduzca y que los rendimientos se acerquen, siempre y cuando las compras de divisas por parte del Banco Central (BCRA) continúen y se logre un aumento efectivo de las reservas netas.




















