Los disertantes plantearon el problema en un marco de origen naval que se aplica directamente al sector pesquero: información, tecnología y personal. La información se ha convertido en un activo estratégico. Las decisiones en navegación y captura ya no dependen únicamente de la observación del capitán, sino de un flujo constante de datos que incluye el Sistema de Identificación Automática (AIS) y otras herramientas como la trazabilidad a través de blockchain.
En términos simples, la tecnología blockchain actúa como una base de datos distribuida; en lugar de estar almacenada en un único servidor central, la información es replicada simultáneamente en miles de nodos conectados en red. En el ámbito pesquero, esta trazabilidad blockchain permite registrar y verificar cada dato. Sin embargo, como indicó el capitán Frías, existe un “problema del oráculo”: si bien la blockchain asegura que un dato no fue modificado después de su registro, no puede garantizar la veracidad de ese dato en el momento de su ingreso. Por ejemplo, si un buque se encuentra pescando en una zona prohibida del Atlántico Sur y su GPS ha sido alterado mediante la técnica de spoofing para mostrar una ubicación falsa, esa información falsa será grabada en la cadena con la misma validez que un dato verdadero. El certificado de origen resultante es perfectamente válido en cuanto a su forma, pero fraudulento en contenido.
Por ello, la integridad de la información satelital y su protección frente al spoofing son fundamentales para el sistema de trazabilidad, sin importar cuán robusto sea tecnológicamente. Durante la exposición, se subrayó que cada sensor y sistema automatizado a bordo de las embarcaciones puede ser un punto de entrada para actores maliciosos, denominados “sicarios cibernéticos”. La digitalización de puertos y buques ha convertido al ecosistema pesquero en un objetivo de alto valor.
Los expositores enfatizaron que, dada esta situación crítica que ya se manifiesta en el mundo, Argentina carece de un marco que integre ciberseguridad, actividad pesquera y soberanía marítima. La manipulación de señales satelitales, o “GNSS spoofing”, no solo representa un riesgo para la navegación, sino que puede ser utilizada como herramienta para el encubrimiento de pesca ilegal y el fraude en la certificación de origen, lo que afecta directamente la soberanía argentina en el Atlántico Sur.
Un claro ejemplo de las preocupaciones y recomendaciones surgidas en la jornada sobre “La ciberseguridad marítima en la cadena de valor del sector pesquero” fue lo que ocurrió en el conflicto de Medio Oriente. Tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán en la operación “Epic Fury”, la Guardia Revolucionaria Islámica declaró el Estrecho de Ormuz “cerrado” y llevó a cabo una estrategia de bloqueo que combina ataques físicos con drones, minado de rutas, e interferencia electrónica sobre los sistemas de posicionamiento satelital. Esta táctica resultó ser más efectiva que los métodos utilizados por separado.
Expertos del Institute for the Study of War calificaron este enfoque como un esquema de extorsión y advirtieron que cualquier acuerdo que reconozca el control iraní sobre el estrecho sentaría un precedente preocupante para el comercio global. En las primeras 24 horas del conflicto, más de 1.100 buques en aguas de los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Omán e Irán experimentaron interferencias en sus sistemas de navegación satelital, según datos de la empresa de inteligencia marítima Windward.
Los analistas de dicha compañía identificaron 35 clústeres de jamming activos en la región, donde se concentran múltiples fuentes que emiten interferencias. Lloyd’s List Intelligence documentó 1.735 casos de interferencia GPS que impactaron a 655 buques solo entre el inicio del conflicto y el 3 de marzo. Los incidentes diarios aumentaron de 350 al inicio del conflicto a 672 el 3 de marzo. Para el 7 de marzo, más de 1.650 embarcaciones habían sufrido interferencias en sus sistemas GPS y AIS en toda Asia Occidental, lo que representa un del 55% más respecto a la semana anterior, según Windward.
Lo que la Guardia Revolucionaria Islámica aplicó en el Estrecho de Ormuz no es exclusivo de las potencias militares. Este es precisamente el mensaje que el capitán Frías transmitió en Mar del Plata: los ataques cibernéticos al sector marítimo global aumentaron un 300% entre 2019 y 2024. En 2023, la totalidad de los incidentes registrados comprometió sistemas operativos críticos de la navegación. La diferencia entre la situación del Golfo Pérsico y la del Atlántico Sur no radica en la tecnología, sino en la conciencia y preparación.
La presentación de Frías comenzó con una transformación que ya se está implementando en la flota argentina: la llamada “Pesca 4.0”, que incluye sensores inteligentes, conectividad satelital constante, inteligencia artificial para optimizar rutas, blockchain para trazabilidad y sistemas automatizados que vinculan las embarcaciones con puertos, entidades reguladoras y mercados internacionales. Esta arquitectura digital, aunque optimiza la eficiencia, también amplía la superficie de ataque.
El núcleo del desafío se encuentra en la intersección de dos tipos de sistemas que históricamente funcionaron de manera aislada: los sistemas de tecnología de la información (IT), que abarcan gestión comercial, comunicaciones y trazabilidad, se han integrado con los sistemas operativos (OT) que controlan elementos críticos como el GPS, las cartas electrónicas y el control de la propulsión. “Esa convergencia -explicó el capitán Frías- promueve la eficiencia de la Pesca 4.0, pero también elimina el aislamiento que, durante décadas, protegió a los sistemas críticos. Un mero correo electrónico infectado o una contraseña comprometida pueden convertirse en puntos de entrada a los sistemas de navegación de un buque.”
A esta vulnerabilidad estructural se suma un aspecto económico relevante: un ataque que podría costar al atacante unos pocos cientos de dólares tiene la capacidad de paralizar una embarcación valorizada en millones. El avance de la inteligencia artificial también plantea nuevos desafíos; sus capacidades han disminuido la barrera técnica para atacantes menos sofisticados, lo que se convierte en una “espada de doble filo”: cuanto más avanzada sea la tecnología, más vulnerable se torna ante ataques dirigidos.
La solución más impactante, planteó Frías, es simple: segmentar las redes operativas y administrativas para evitar que una intrusión en la gestión comercial se expanda a los sistemas de control. Las personas son el eslabón más crítico, y la mayoría de los incidentes exitosos se originan a partir de errores humanos o manipulación, no a partir de sofisticados ataques técnicos. La conectividad satelital, que permite a los tripulantes mantenerse en contacto con sus familias, los expone continuamente a ataques de phishing, ingeniería social y chantajes digitales. La solución requiere formación continua, la aplicación del principio de mínimo privilegio y una cultura de seguridad sólida.
Organismos de inteligencia y seguridad occidentales han atribuido en los últimos años campañas de espionaje y sabotaje a grupos asociados con Rusia, China, Irán y Corea del Norte. Estos actores se han señalado por infiltrarse en infraestructuras críticas, interferir con señales de navegación y realizar espionaje industrial, entre otras acciones. En un mundo cada vez más competitivo, los buques no son solo medios de transporte, sino también objetivos dentro de la contienda por el control de las rutas marítimas y la información.
Para Argentina, la manipulación deliberada de señales satelitales, esto es, el GNSS spoofing, representa una de las amenazas más preocupantes. Esta técnica puede alterar la ubicación real de un buque y, además de poner en riesgo su navegación, facilitar la ocultación de pesca ilegal y el fraude en la certificación de origen, afectando la soberanía argentina en el Atlántico Sur.
Un mensaje central de la exposición fue la importancia de desactivar objeciones anticipadas: implementar prácticas de seguridad no requiere grandes inversiones. Medidas básicas de higiene cibernética, como la segmentación de redes y capacitación del personal, pueden proporcionar un alto retorno y son vistas como un punto de partida para la flota argentina.
Sin embargo, para avanzar en esta dirección es necesario un compromiso político y gremial que una al Estado, la industria y los trabajadores, quienes tienen un papel fundamental en liderar esta agenda de defensa cibernética en el mar argentino.
Durante la reunión de expertos en Mar del Plata, se recordó que la Organización Marítima Internacional (OMI) ha incluido desde enero de 2021 la gestión de riesgos cibernéticos en los sistemas obligatorios de seguridad para embarcaciones que navegan internacionalmente. A pesar de esto, según el capitán Frías, la legislación nacional carece de un enfoque integrado que contemple la ciberseguridad, la actividad pesquera y la soberanía marítima. La Ley 24.922 de Régimen Federal de Pesca no contempla disposiciones específicas de ciberseguridad, y el Acuerdo sobre Medidas del Estado Rector del Puerto no aborda la dimensión cibernética del monitoreo satelital de los buques. Las normativas vigentes actualmente provienen de ordenanzas de la Prefectura Naval Argentina, que, según Frías, requieren actualización.
El capitán Frías no sólo expuso el diagnóstico, sino que también presentó una hoja de ruta con dos ejes: uno político-gremial y otro de capacitación. La convocatoria incluye organismos nacionales como la Subsecretaría de Recursos Acuáticos y Pesca, la Agencia Nacional de Puertos y Navegación, los ministerios de Seguridad, Defensa y Relaciones Exteriores, la Armada Argentina, la Prefectura Naval, el INIDEP y el Consejo Federal Pesquero, además de organizaciones internacionales como la OMI, la FAO, la OEA, Interpol y la ENISA.
El eje de capacitación se materializa en una propuesta concreta: desde FUNCESMAr se impulsará el Seminario Internacional de Ciberseguridad Marítima para el Sector Pesquero, de modalidad híbrida y alcance global, cuya primera edición está prevista para la segunda mitad de 2027.
El resultado final de este proceso será la primera Guía de Mejores Prácticas en Ciberseguridad para el Sector Pesquero argentino, además de un curso especializado que se integrará a la Diplomatura de Capitán de Pesca.
Al concluir su presentación, Frías reflexionó: “La ciberseguridad no es un costo; es una inversión en la integridad del producto argentino en el mundo. El mar no se pide prestado, se defiende. Y en el siglo XXI, defenderlo significa también preservar sus datos, sus señales y su soberanía digital.”




















