Una fuente consultada explicó que esta amenaza siempre estuvo en el arsenal de Irán, pero no se había mencionado en las etapas iniciales del conflicto. Sin embargo, ante la nueva escalada, Teherán busca incrementar su presión.
La interlocutora inquirió sobre los motivos detrás de esta decisión. La respuesta fue que Irán no está dispuesta a ceder el control del tránsito marítimo en esa zona y tampoco acepta compartirlo sin asegurar su influencia directa. El corte de los cables submarinos que permiten la transmisión de datos e Internet es una de las amenazas recientes que también persisten.
Este control sobre la navegación es un factor que Irán no poseía antes del conflicto, lo que ha cambiado drásticamente la situación actual.
A pesar de la reimposición de bloqueos navales por parte de Estados Unidos, se argumentó que si la navegación se interrumpe, Irán perdería el control sobre elementos de valor.
Los analistas destacan que se trata de una prueba de resistencia, donde se cuestiona quién podrá sostener más tiempo la presión. Se mencionó que Trump había permitido un respiro en la navegación en junio para evitar una crisis energética mayor. Para Irán, el control sobre el estrecho de Ormuz es su única herramienta de negociación para que su perspectiva sea considerada.
Mientras el mercado de Wall Street continúa observando, aún se siente una cierta confianza. Sin embargo, la clave está en cuánto tiempo podrá ignorar la realidad del conflicto. Se citó la experiencia de Ucrania, que sigue afectando a Europa sin causar un impacto inmediato en los mercados. En contraste, el costo del petróleo y sus derivados está empezando a llamar la atención de manera más urgente.
Recientemente, el precio del petróleo Brent alcanzó los 90 dólares, lo que ya no puede ser ignorado. En Estados Unidos, el precio promedio nacional del galón de gasolina subió a 4 dólares, una cifra considerablemente más alta que los 2,98 de antes del inicio de la guerra. Con elecciones programadas para noviembre, hay un creciente temor entre los legisladores por las repercusiones económicas.
Se preguntó en qué nivel el costo del petróleo podría obligar a negociar una nueva tregua. Los analistas sugirieron que los mercados no creen en la repetición de ciclos históricos, y que si eso ocurriese, sería de forma breve. Se mencionó la advertencia de un organismo internacional sobre la severidad de la crisis actual. Se espera que Wall Street termine reconociendo la necesidad de negociar con Irán para evitar un colapso energético.
Por otro lado, se discutió cómo la banca central podría reaccionar ante este panorama. Mientras el Banco Central Europeo había aumentado sus tasas un día antes de una reciente reunión, la Reserva Federal estadounidense había optado por esperar. Con el aumento del petróleo en un 18% en el último mes, se cuestiona la estrategia a seguir en la próxima reunión.
Se mencionó que el nuevo encargado de la Reserva, Kevin Warsh, no tiene intención de brindar indicaciones anticipadas sobre las decisiones del organismo. Sin embargo, comprobaciones reciente muestran que las tasas a dos años han aumentado mientras se prevé que una alza de tasas en la próxima reunión podría ser más adecuada que en septiembre, cuando podría parecer tardía.
El mercado anticipa que es posible que la Reserva no actúe en la reunión programada y se reserve las acciones para más adelante. Pero se enfatiza la necesidad de demostrar acciones contundentes si busca mantener la credibilidad. Revertir alguna de las reducciones anteriores en las tasas podría corroborar el compromiso de la nueva administración con el objetivo de controlar la inflación.




















