Anteriormente, Castro había estado en carreras, como en el inicio de la temporada en Mar de Ajó, en febrero de 2002, donde compartió el momento con su colega Juan Martín “Látigo” Coggi, también apasionado del automovilismo. Sin embargo, al año siguiente, el Roña regresó al autódromo patagónico. “Él estaba cerca de Caleta Olivia, no muy lejos de Río Gallegos. Sabíamos que era aficionado a los autos. Nos contactó para ver si podía subirse y tuvo muchas ganas de dar unas vueltas”, recuerda el bonaerense, que competía con un Ford Falcon manejado por su propio equipo.
Para que Castro pudiera subirse al auto de competición, Occhionero relata que se solicitó permiso a la categoría y finalmente lo llevó a dar dos vueltas en un entrenamiento. “No era común que permitieran subir a alguien como acompañante sin más, pero como el Roña era un atleta de élite y reconocido en su deporte, lo habilitaron”.
El ex boxeador disfrutó plenamente del momento, dada su afición por los automóviles. “Vivió la experiencia con gran pasión. Era una pista hermosa. Me hubiese gustado disfrutarlo más, estar más tiempo con él o hacerlo de otra manera, pero fue especial poder compartir ese instante”, añadió Occhionero.
Aquel encuentro dejó una buena impresión en el ex piloto, quien consideró a Castro como una persona sencilla, a pesar de su gran estatus. Sin embargo, debido a la concentración requerida por las actividades del fin de semana, no pudo disfrutar plenamente de su presencia: “Uno está inmerso en su propia actividad, en lo que puede deparar la carrera, y no toma plena dimensión del momento. Lo vi un poco a la ligera, pero luego comprendí lo significativo que fue haberlo tenido con nosotros”. Desafortunadamente, luego de aquel día, no volvió a comunicarse con Castro.
La familia de Occhionero siempre ha estado conectada con el automovilismo. Su hermano, Marcelo, se dedicó a gestionar equipos y su tío, Juan Alberto, corrió con el Chevrolet que pertenecía al 7 de Oro de Roberto Mouras. Necochea, junto a localidades como Lobería, Mechongué y Balcarce, es un lugar donde el automovilismo tiene una fuerte presencia, y muchos de sus corredores comenzaron en la categoría Mar y Sierras, una de las más competitivas a nivel regional.
A fines de los noventa y principios de los 2000, Occhionero fue un competidor destacado, logrando catorce podios y seis victorias en series, aunque no pudo consagrarse en una final. “La suerte a veces juega un papel vital. Para ganar, todo tiene que alinearse. Estuve muy cerca, con muchos segundos puestos. Para mí fue más de lo que esperaba cuando empecé en el TC de ruta”, explica.
Recuerda aquellos años con nostalgia, especialmente por haber competido contra figuras como Flaco Traverso y jóvenes talentos como Matías Rossi y Christian Ledesma. “Contábamos con un buen presupuesto y estábamos en un gran momento, así que fue una etapa significativa, con un equipo que funcionaba muy bien”.
Occhionero describe la esencia del TC de aquel entonces: “La base del auto partía del casco, que en mi caso era un Ford. Desde allí se fabricaba la jaula antivuelco, muy similar a lo actual, pero con más libertad en la construcción. En ese período, los autos no eran tan homogéneos, lo que generaba más competitividad y sobrepasos. También había menos carga aerodinámica y los neumáticos se degradaban más rápidamente, lo que hacía las carreras más emocionantes”.
No obstante, a los 44 años decidió retirarse en 2008. “No lo dejé por falta de recursos, pero hubo frustración por parte de mi hermano, quien había armado todo un equipo fuerte a mi alrededor. En mi caso, la presión me afectó. Debí haber buscado ayuda psicológica deportiva, porque a veces las cosas no salen como uno espera, y decidí parar. La idea era hacer una pausa y tal vez construir un nuevo auto, pero el tiempo pasó y no hice nada. Quizás me faltó el último impulso para ganar una final. Sin embargo, el automovilismo me dio mucho más de lo que imaginé en aquel momento”.
Hoy, sigue vinculado al automovilismo y, en particular, al TC, ya que junto a su hermano Marcelo apoyan a Mariano Werner, quien busca su cuarto título esta temporada. “Las cosas se complicaron un poco con la interrupción de la última carrera en San Nicolás, y en la Copa de Oro, que consta de cinco fechas, duele muchísimo. Pero tenemos fe de poder luchar por el campeonato hasta el final”, expresa. Werner, quien conoció a los hermanos necochenses en su camino, logró su primer título en 2020. Acerca del Ford Mustang del piloto entrerriano, menciona: “El auto comenzó el año con algunos inconvenientes que Mariano detectó en una prueba en La Plata, y luego se volvió competitivo”.
Occhionero también siente añoranza por aquellos “Días de Trueno” en el TC y confiesa: “Todos los días añoro estar al volante de un auto de carrera. Hace unos años, tuve la oportunidad de manejar uno que hicimos para Julián Santero y di algunas vueltas en La Plata. Me di cuenta de cómo pasa el tiempo, especialmente después de tantos años fuera de la pista. Hoy, estoy muy alejado de lo que se vive en la actualidad, con estos nuevos pilotos tan rápidos. El nivel de competencia es impresionante”.
Hace dos décadas, Occhionero fue parte de un TC en el que la preparación de los autos era más artesanal, ya que los preparadores tenían más libertad en el desarrollo de los motores. El ex piloto de Necochea atesora esos recuerdos y valora el momento que vivió junto a un campeón del mundo de boxeo como Jorge “Locomotora” Castro.




















