El alcalde, Pablo Martínez, quien ha estado al frente del Ayuntamiento durante 12 años, indica que el desafío principal no es la falta de empleo, sino la insuficiencia de viviendas que permita la llegada de nuevos habitantes.
Martínez explica que el casco urbano presenta edificaciones antiguas que requieren trabajos de rehabilitación, muchas de las cuales enfrentan problemas de humedad y carecen de instalaciones modernas. “Al tratarse de un pueblo antiguo, no tenemos un plan urbanístico que permita un crecimiento mínimo y necesario para ofrecer viviendas en condiciones, ya sean públicas o privadas”, apunta el alcalde.
La despoblación ha contribuido a que muchos profesionales que prestaban servicios en esta localidad se jubilaran sin ser reemplazados, lo que ha llevado a la necesidad de nuevos trabajadores. Sin embargo, aunque existan ofertas laborales, la falta de viviendas adecuadas dificulta que muchos de ellos puedan mudarse a La Vall d’Alcalà.
Además, la escasa población limita la disponibilidad de servicios, ya que no hay una tienda de alimentación fija que opere de forma permanente. Los habitantes dependen de vendedores ambulantes que visitan la zona, mientras que para necesidades específicas y atención médica, deben trasladarse a localidades cercanas como Planes, Pego o Alcoy, ya que el médico del sistema público solo atiende un día a la semana en los dispensarios locales.
En este contexto, el Ayuntamiento sostiene que una de las claves para detener la despoblación radica en la recuperación de viviendas deterioradas y la habilitación de nuevas áreas para construir. La intención es desarrollar planes integrales de rehabilitación que permitan reutilizar casas abandonadas, solares y construcciones en mal estado.



















