El filósofo y ensayista español José Luis Pardo, de 72 años, cuestiona esta presión social. En una reflexión relacionada con su análisis sobre el malestar contemporáneo, presenta una paradoja: cuando el bienestar deja de ser algo espontáneo y se convierte en una obligación, puede desembocar en un aumento de la angustia.
“Cuando la felicidad se convierte en una obligación impuesta, acaba generando angustia”, afirma Pardo. Esta cita resume uno de los ejes centrales de Estudios del malestar, obra galardonada con el Premio Anagrama de Ensayo en 2016, en la que explora diversas manifestaciones de descontento en las sociedades actuales.
Según Pardo, el dilema no reside en rechazar la felicidad, sino en la transformación de esta en una exigencia. Cuando una persona siente que debe estar bien constantemente, cualquier momento de tristeza, frustración o incertidumbre puede ser interpretado como una señal de que algo está fallando.
La presión se intensifica con las comparaciones entre individuos. Las redes sociales exhiben vidas idealizadas, con viajes, relaciones, proyectos y momentos de disfrute que a menudo se convierten en referencias con las que cada persona mide su propia vida. Esto puede generar la sensación de que los demás han hallado lo que uno aún busca.
En este contexto, incluso el malestar puede ser motivo de culpa. No basta con atravesar un periodo difícil: también surge la premisa de que hay que resolverlo rápidamente, regresar al bienestar y seguir adelante. De este modo, la felicidad se transforma en otro objetivo a cumplir.
Pardo desarrolla muchas de estas ideas en su libro, donde analiza cómo ha cambiado la relación de las sociedades contemporáneas con el bienestar y el descontento. La obra sostiene que el malestar no es simplemente un desvío que debe erradicarse, sino un fenómeno que también puede revelar aspectos significativos de la época actual.
Además, el filósofo adopta un enfoque crítico sobre la necesidad de convertir cada faceta de la vida en un aspecto susceptible de mejora. En este marco, descansar tiene que ser un medio para recuperar la productividad, el trabajo debe retribuir satisfacción y hasta los momentos de ocio pueden estar impregnados de expectativas.
La paradoja es que cuanto más se intenta dominar ese estado ideal, más complicado resulta alcanzarlo. Así, la felicidad deja de ser una experiencia viable entre muchas y se transforma en una obligación constante.




















