El dato que profundizó la preocupación fue la caída del 2,9% mensual registrada por el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) en julio, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). El retroceso fue mayor al previsto y estuvo acompañado por fuertes bajas en sectores vinculados con la demanda interna.
La construcción cayó 4,5% mensual y la industria manufacturera retrocedió 5%. También disminuyó 1,4% la producción industrial, mientras que las exportaciones reales bajaron 5,5% y las importaciones 2,5%. Para agosto, los primeros indicadores disponibles apuntan a una nueva contracción, estimada en 0,1% mensual.
Con ese escenario, las proyecciones contemplan que la actividad podría repuntar 1,6% en septiembre, aunque aun así el Producto Bruto Interno del tercer trimestre terminaría 2% por debajo del segundo. Ese resultado abriría la posibilidad de una recesión técnica, luego del deterioro observado en los últimos meses.
La industria aparece entre los sectores que más contribuyen al escenario de debilidad. Los indicadores preliminares muestran una cuarta caída mensual consecutiva, acompañada por un empeoramiento en la producción de vehículos. A la vez, las exportaciones y las importaciones continúan mostrando retrocesos.
El escenario también modificó las expectativas de crecimiento para 2026. Distintas proyecciones privadas fueron recortadas durante las últimas semanas y quedaron ubicadas entre 1,8% y 2,1%, por debajo del 3% contemplado por el Gobierno en el Presupuesto.
En este contexto, una consultora económica internacional anticipó que volverá a revisar sus proyecciones para 2026 y 2027 a partir de la posibilidad de una recesión durante el tercer trimestre. Todavía no estableció una nueva estimación numérica para esos años, pero señaló que incorporará en sus cálculos el deterioro reciente de la actividad.
La posibilidad de una recesión técnica ya había sido planteada previamente por un economista, quien había advertido que, si la actividad continuaba descendiendo durante el tercer trimestre, podía producirse una contracción de ese tipo, aunque de magnitud leve. También había señalado que los datos correspondientes a julio y agosto no mostraban señales claras de recuperación.
El escenario no implica, de acuerdo con estas proyecciones, una crisis estructural, sino el riesgo de que la economía registre una nueva caída durante el tercer trimestre. Uno de los principales factores a observar será la evolución de la demanda interna, particularmente el consumo privado, la inversión y el gasto.
Mientras las exportaciones continúan funcionando como uno de los principales motores de la economía, la debilidad del resto de los componentes plantea dificultades para sostener el crecimiento. La evolución de la demanda interna durante los próximos meses será determinante para establecer si la contracción del tercer trimestre queda limitada a un período puntual o si se prolonga hacia el cierre del año.




















