Tartaglione destacó que “la obesidad es una enfermedad crónica, no una falta de voluntad. Es crucial entender que los obesos no son haraganes; poseen una genética específica y se trata de una enfermedad metabólica”.
El reciente avance científico ha dado lugar al desarrollo de medicamentos que, bajo estricta supervisión médica, ofrecen resultados similares a los de las cirugías. “La indicación precisa es: toma tu peso y divídelo por tu altura al cuadrado. Si el resultado es mayor de 30, puedes utilizar este tratamiento. Además, si tu índice es mayor a 27 y sufres de diabetes, hipertensión o enfermedades cardiovasculares, también puedes aprovecharlo”, explicó el especialista, quien reiteró que, aunque estos medicamentos fueron inicialmente diseñados para la diabetes, luego se adaptaron para tratar la obesidad.
La acción de fármacos como la semaglutida implica la regulación del apetito y la saciedad. “Actúa en el intestino y se encarga de activar dos proteínas: una envía una señal al cerebro, indicando que el cuerpo se está alimentando y que es momento de reducir el hambre; la otra comunica al estómago que debe vaciarse lentamente”, aclaró el médico.
En paralelo, la tirzepatida funciona como un agonista dual, mejorando la gestión energética del tejido adiposo. “Esto es como un auto híbrido. Por un lado, reduce el hambre y, por otro, optimiza el uso de la energía. Es un aspecto realmente interesante de este tratamiento”, añadió.
A pesar de sus beneficios, el uso de estos fármacos requiere un seguimiento clínico exhaustivo, ya que existe el riesgo de una pérdida de masa muscular. Esto hace necesario combinar el tratamiento con ejercicio físico y una nutrición adecuada. “Es imprescindible que esta terapia sea acompañada por actividad física y una correcta alimentación”, enfatizó.
“Las redes sociales representan un grave problema, como hemos evidenciado. Desinforman en lugar de informar”, señaló en este contexto.
“Estos medicamentos pueden lograr una pérdida de peso cercana al 26%, cifra comparable a la cirugía bariátrica. Para la cirugía, debes quitarte la mitad del estómago, y esto es viable. Estoy hablando de una enfermedad, no de criterios estéticos”, concluyó el cardiólogo.



















