Los catedráticos en ejercicio físico, Felipe Isidro y Mikel Izquierdo, han analizado esta temática y coincidieron en que la caminata puede transformarse en un real entrenamiento, pero es necesario incorporar ciertos cambios. Aumentar la velocidad, elegir trayectos con desniveles y añadir ejercicios de fuerza son maneras efectivas de mejorar sustancialmente la forma física, en lugar de limitarse a cumplir con un número específico de pasos.
Uno de los aspectos cruciales, según Isidro, es la velocidad. El especialista menciona que no es lo mismo caminar una hora a un ritmo lento que hacerlo por menos tiempo, pero con mayor intensidad. Recalca que lo ideal es mantener un ritmo de entre 120 y 140 pasos por minuto o, al menos, caminar rápido lo suficiente como para elevar la frecuencia cardíaca y la respiración, sin perder la capacidad de mantener una conversación.
Además, los expertos subrayan que alternar períodos de caminata rápida con momentos de recuperación es una estrategia efectiva para aumentar la intensidad sin necesidad de correr.
Asimismo, resaltan la relevancia de variar el terreno. Caminar en subidas o pendientes involucra a los músculos de manera más intensa y potencia el gasto calórico, en comparación con caminar sobre superficies planas.
Izquierdo también destaca que ninguna caminata debe sustituir el entrenamiento de fuerza. Explica que realizar ejercicios con pesas, máquinas o utilizando el propio peso corporal es fundamental para conservar la masa muscular, mejorar la capacidad funcional y complementar los beneficios cardiovasculares de la caminata.
Por lo tanto, los expertos concluyen que aunque los 10.000 pasos siguen siendo una meta saludable, representan únicamente una fracción de una rutina física integral.



















