Esta situación se repite en las grandes urbes, donde los ciudadanos dedican horas a resolver actividades que podrían optimizarse mediante una mejor gestión urbana. Ferrario resalta que “buscar estacionamiento es número uno” entre las actividades que más tiempo consumen en un trayecto urbano.
El impacto de este fenómeno en la rutina diaria es considerable: “si vos lo multiplicás por semana al año, te da unos números tremendos. Estás alrededor de siete días en el año buscando estacionamiento”, aseguró. Esta afirmación enfatiza la magnitud del problema y posiciona a la movilidad urbana como un tema crucial en el debate público.
Los trámites gubernamentales son otra actividad que consume gran cantidad de horas. Ferrario indicó que, en promedio, una persona en América Latina dedica 5,4 horas al año para completar un trámite, según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
El tiempo que se destina a esta tarea varía según el país y la ciudad. Por ejemplo, en Bolivia se requieren once horas para realizar un trámite, mientras que en Chile, Costa Rica y Uruguay se necesita entre dos y tres horas. En Argentina, el promedio es de cuatro horas y media. Aunque las diferencias son significativas, la tendencia general muestra que la eficiencia en la gestión digital aún enfrenta retos.
Los asistentes al encuentro coincidieron en que “la política hace mucho alarde cuando consigue bajar el tiempo de los trámites”, destacando como un logro político la reducción de tiempos en la obtención de documentos clave, como el Documento Nacional de Identidad (DNI) o las licencias de conducir.
Ferrario sostuvo que “la licencia de conducir acá en la capital es una maravilla”, aunque advirtió que “la gente tiene estándares que van más allá del gobierno”.
Otros problemas recurrentes relacionados con la movilidad y el acceso a servicios urbanos incluyen el tránsito, las esperas para el transporte público y cuestiones técnicas en el metro, todos factores que ocupan horas a diario. Ferrario mencionó varias causas: “esperar el colectivo, trámites con los gobiernos, buscar estacionamiento, cortes de luz en verano, problemas técnicos en el subte, sala de espera de algún hospital, habilitación de comercios, semáforos descoordinados, sistema multipago del subte”.
La pérdida de tiempo no solo impacta en las rutinas personales, sino que también tiene repercusiones económicas, ya que “las ciudades pierden entre un 1% y 3% de su producto geográfico, su PBI del Estado, producto de todas estas demoras”. En Buenos Aires, esto representa entre 1.200 y 3.000 millones de dólares anuales.
El tiempo perdido está distribuido de manera desigual entre las diferentes clases sociales. Ferrario señaló que “las personas de menores recursos son las que más tardan en hacer estos trámites, especialmente online, por cuestiones de acceso a datos”. Esta brecha digital acentúa las diferencias y plantea la necesidad de repensar la accesibilidad a los servicios públicos.
A pesar de que el avance de la digitalización presenta nuevas oportunidades, también plantea desafíos. Ferrario destacó que “en América Latina, el 32% de los trámites se puede comenzar online, mientras que en la Unión Europea es el 80%”.
El analista mencionó reformas que han permitido a los ciudadanos optimizar su tiempo, citando el Metrobus y la expansión de ciclovías en la Ciudad de Buenos Aires. “El Metrobus fue una manera de devolver tiempo también”, agregó. La implementación de la tarjeta SUBE y la opción de pagar servicios desde un celular son avances bien valorados por los usuarios.
La discusión en torno a una gestión eficiente del tiempo urbano incluye el papel de los políticos. Ferrario subrayó que “cuando la gente se lo apropia, después es difícil dar marcha atrás”. Las expectativas de los ciudadanos sobre la agilidad y simplicidad en los trámites establecen nuevos estándares para los gobiernos y candidatos.
Los datos comparativos resaltan la situación en América Latina en contraposición a los países desarrollados. Ferrario indicó que “las personas que viven en países de América Latina pierden entre 26 y 39 días al año en esperas”, mientras que en los países desarrollados este tiempo oscila entre 8 y 13 días, lo que evidencia una considerable brecha en la calidad de vida y el uso del tiempo.
El debate sobre la pérdida de tiempo en las ciudades plantea interrogantes acerca del diseño urbano, el acceso a la tecnología y la capacidad de las administraciones para disminuir las demoras cotidianas. Ferrario concluyó que “hay que devolver tiempo, hay que hacer la ciudad más eficiente”.



















