Este martes se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 bancas del Senado. La votación determinará el margen político que tendrá el presidente Donald Trump para avanzar con su agenda durante los próximos dos años.
Desde hace tiempo, algunos analistas anticipan un resultado adverso para el oficialismo, que podría perder el control de ambas cámaras y enfrentar mayores dificultades para impulsar sus iniciativas. Entre los escenarios mencionados también aparece la posibilidad de un juicio político. Sin embargo, se trata de un desenlace poco frecuente: en la historia estadounidense hubo cuatro procesos de este tipo y todos terminaron con la absolución de los mandatarios. Trump ya atravesó dos acusaciones, en 2019 y 2021, y en ambas ocasiones fue absuelto.
La relación entre el control político de Washington y el desempeño de las acciones tampoco es directa. Un análisis de Janus Henderson muestra que, durante los últimos 50 años, el índice S&P 500 registró un rendimiento anualizado del 9,24% en períodos de gobierno dividido, frente al 8,73% bajo gobiernos unificados.
La diferencia fue mayor en términos de volatilidad: alcanzó el 18,50% con un gobierno dividido y el 15,35% cuando un mismo partido controló el Poder Ejecutivo y el Congreso. Para la firma, el resultado electoral puede generar movimientos en el corto plazo, pero no necesariamente altera los factores que determinan la evolución de las acciones.
Entre las variables que tienen mayor influencia sobre el desempeño de largo plazo aparecen la inflación, las tasas de interés, el crecimiento económico, las ganancias empresariales y el costo del capital. Esa interpretación también está presente en análisis recientes de Morgan Stanley y JPMorgan Asset Management.
Un Congreso dividido puede dificultar la aprobación de grandes iniciativas legislativas, especialmente en materia fiscal, aunque no elimina la capacidad de acción del Poder Ejecutivo ni de las agencias federales. Por eso, un cambio en la composición parlamentaria no implica necesariamente una modificación inmediata de las perspectivas de las empresas. Para los inversores, la cuestión central es si las decisiones políticas afectan los costos, los ingresos o las ganancias futuras de las compañías.
La experiencia de elecciones anteriores también muestra que los mercados suelen atravesar períodos de volatilidad durante las campañas y luego vuelven a concentrarse en las variables económicas. Según JPMorgan, los años de elecciones de medio término registraron históricamente mayores oscilaciones bursátiles, aunque muchos movimientos estuvieron relacionados con la política monetaria y el ciclo económico, más que con los comicios.
Después de la votación, una de las principales referencias para los inversores será el costo del dinero. Las tasas de interés determinan cuánto pagan las empresas para financiarse, qué rendimiento ofrecen los bonos y qué valuación están dispuestos a aceptar los mercados por las acciones.
Cuando aumentan los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense, los activos de riesgo pueden perder atractivo y las valuaciones de las compañías, especialmente las de crecimiento, quedan bajo mayor presión.
Janus Henderson incorpora este factor en su análisis. Seth Meyer, responsable global de gestión de carteras de clientes de la firma, advierte que las empresas, los emisores de deuda y los inversores deben prepararse para un escenario de mayor costo del capital. También señala la inflación, los precios de la energía y las tensiones geopolíticas como factores que podrían prolongar las presiones sobre los costos.
Otro elemento estructural es el desarrollo de la inteligencia artificial. Las principales compañías tecnológicas destinan inversiones históricas a infraestructura de computación, con la expectativa de que la incorporación de estas herramientas impulse la productividad y las ganancias corporativas.
En ese contexto, para Wall Street podría resultar más determinante la evolución de los beneficios empresariales y el costo de financiar su crecimiento que el partido que consiga una mayoría ajustada en alguna de las cámaras del Congreso.
Para la Argentina y el resto de América Latina, sin embargo, el resultado electoral puede tener otras implicancias. Ross Maxwell, director de estrategia de VT Markets, sostiene que la evolución del dólar, los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense y el apetito global por el riesgo serán factores centrales para la región. Estas variables inciden directamente sobre las monedas, los bonos y las acciones de los mercados emergentes.
“Para la Argentina, la estabilidad financiera y la confianza de los inversores están estrechamente vinculadas al financiamiento internacional y al respaldo continuo de Estados Unidos. Los cambios en la composición del Congreso podrían modificar las expectativas sobre futuras asistencias financieras”, advirtió Maxwell.
De todos modos, el resultado de las elecciones no determinará por sí solo la cotización de los bonos argentinos. Su impacto dependerá de las condiciones financieras internacionales que se configuren y de la evaluación que hagan los inversores sobre el riesgo del país.
Un dólar global más fuerte, mayores rendimientos de los títulos del Tesoro o una reducción del apetito por el riesgo pueden generar dificultades para los mercados emergentes, incluso si Wall Street asimila rápidamente el resultado político.
Las consecuencias también pueden variar entre los países de la región. En México, la política arancelaria y las relaciones comerciales con Washington ocupan un lugar central. Colombia, en cambio, tiene mayor exposición a los vínculos diplomáticos, el comercio bilateral y los precios de las materias primas.
Meyer también identifica a la inteligencia artificial como uno de los principales motores estructurales del mercado y destaca su influencia sobre las expectativas de crecimiento. “Creemos que la IA tiene el potencial de situar el crecimiento económico de Estados Unidos y el de las ganancias corporativas en una trayectoria más elevada”, afirmó.
A ese escenario se suman las presiones derivadas de la inflación, los precios de la energía y las tensiones geopolíticas. Al mismo tiempo, las decisiones de la Reserva Federal sobre las tasas de interés condicionan el financiamiento de empresas y hogares y la valuación de los activos financieros.
El directivo también alertó sobre los efectos de la desglobalización y las mayores exigencias de rentabilidad que enfrentan las inversiones. “Las empresas, los emisores de deuda pública y los inversores deben aceptar que hemos ingresado en un régimen de mayor costo del capital”, señaló.

















