En los primeros siete meses de 2026 cerraron de manera neta 9.682 empresas en Argentina, un promedio de casi 1.400 por mes. En el mismo período, se registraron 139.895 trabajadores menos. Solo en julio, el saldo fue de 948 empresas y 3.485 empleos registrados menos que en junio, con especial impacto en el comercio y la industria manufacturera.
Los datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), procesados por el Centro de Política Económica Argentina (CEPA), muestran que entre noviembre de 2023 y julio de 2026 la cantidad de empleadores pasó de 512.357 a 480.067. En ese mismo lapso, los trabajadores registrados disminuyeron de 9.857.173 a 9.419.562.
En total, el país perdió 32.290 empleadores y 437.611 puestos de trabajo registrados desde noviembre de 2023.
Por su parte, la Secretaría de Trabajo informó que en junio el empleo asalariado cayó un 1,5% interanual, equivalente a 147.900 trabajadores menos. La reducción alcanzó tanto al sector privado, con una baja del 1,9% y 121.000 personas menos, como al sector público, donde el empleo retrocedió un 0,9%, con 30.500 trabajadores menos.
En contraste, durante el primer semestre aumentó la cantidad de monotributistas, que pasó de 2.190.948 a 2.206.788 en junio, una suba de 15.840 personas. También se registró un incremento del empleo asalariado no registrado.
La caída en la cantidad de empresas se aceleró tras la devaluación de fines de 2023 y las medidas de ajuste que afectaron especialmente a la construcción, por la paralización de obras públicas y privadas, además de la industria manufacturera, el empleo público y organizaciones vinculadas al Estado. Aunque el ritmo de cierres se moderó durante parte de 2024, las bajas netas volvieron a crecer en 2025 y se intensificaron durante este año.
La SRT señaló que la cantidad de empleadores cubiertos mantiene una tendencia descendente desde hace más de 12 años, interrumpida por una recuperación transitoria posterior a la pandemia. Además, indicó que entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025 la reducción se concentró especialmente en las unidades productivas de menor tamaño, en particular las pequeñas y medianas empresas.
Entre los factores que explican el cierre de establecimientos se encuentran las dificultades para afrontar costos y gastos en un contexto de caída del consumo. También se observa una transformación de algunas empresas industriales, que dejaron de fabricar productos para dedicarse a comercializar bienes importados, incluso mediante plataformas electrónicas, con estructuras laborales más reducidas.
A esto se suman cierres de compañías medianas y grandes, la implementación de retiros voluntarios y una mayor proporción del nuevo empleo bajo la modalidad del monotributo o en condiciones informales, en detrimento del trabajo registrado en relación de dependencia.
Otro elemento es la menor creación de empresas. Según la Secretaría de Trabajo, la contracción del número de empleadores no responde necesariamente a una cantidad de cierres históricamente elevada, sino también a la debilidad en la apertura de nuevas unidades productivas.
La reducción del empleo formal, tanto en el sector privado como en el público, se combina así con el avance del trabajo informal y del monotributo, modalidades que no están incluidas en las estadísticas de trabajadores cubiertos por el seguro de riesgos del trabajo.



















