Este ajuste representa una de las reducciones más significativas para Argentina por parte de un organismo internacional: se prevé que el crecimiento pase del 4,4% en 2025 a solo un 2,8% en 2026, lo que implica una disminución de 1,6 puntos en comparación con el año anterior. Instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial también han indicado que el crecimiento de Argentina se situaría alrededor de un punto porcentual por debajo de las proyecciones anteriores.
La OCDE señala que el contexto global ha presentado más incertidumbres y fragmentaciones. Aida Caldera Sánchez, Jefa de la División de Economía de la OCDE, observó que “América Latina está sintiendo los efectos, aunque llega a este momento con una posición más sólida que en conflictos anteriores”. A pesar de ello, la capacidad de respuesta ante estos desafíos es limitada.
“Los revisamos a la baja tanto para 2026 como para 2027”, añadió. Sin embargo, destacó que los exportadores de materias primas y recursos energéticos están viendo una mejora temporal.
Los canales de contagio incluyen el sector financiero y, en el caso de Argentina, el incremento en los precios de los fertilizantes. Este fenómeno también ha llevado a la OCDE a ajustar al alza las proyecciones inflacionarias para la región. Caldera Sánchez enfatizó la necesidad de “contener presiones sin frenar la actividad económica”.
El compromiso de los recursos públicos en el pago de intereses de la deuda limita las posibilidades de intervenir en otras áreas afectadas por el aumento de costos, agregó la economista.
Por su parte, Adolfo Rodríguez-Vargas, economista del equipo argentino de la OCDE, indicó que el crecimiento de la economía argentina en los próximos dos años estará apoyado por las exportaciones y una expectativa de mejora en las inversiones bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). “Prevemos un crecimiento del PIB del 2,8% en 2026 y del 3,5% en 2027”, anunció.
No obstante, alertó sobre la recuperación moderada del consumo privado, que se verá restringido por tasas de interés elevadas y una desaceleración en el crecimiento de los salarios reales. En contraste, mencionó que la inversión privada se beneficiará de un contexto empresarial más favorable, especialmente en sectores orientados a la exportación.
Respecto a la inflación, Rodríguez-Vargas advirtió que el aumento en los precios petroleros podría disminuir la velocidad de la desinflación; sin embargo, anticipó que este proceso tomará impulso en el segundo semestre gracias a una política monetaria restrictiva, al control de las presiones de demanda y a rigurosas políticas fiscales. “Esperamos que la inflación promedio se sitúe alrededor del 31% para este año y del 16% en 2027”, subrayó.
En relación a las reformas necesarias, el economista consideró que el RIGI tiene como objetivo proporcionar mayor certeza regulatoria a las empresas. Creyó también que la contribución del RIGI al crecimiento podría ser menos sensible a eventuales cambios políticos, siempre que se mantenga la disciplina fiscal, lo que podría facilitar un mayor consenso y disminuir la inflación.
Simultáneamente a la presentación del informe, Quirno afirmó que hay avances en el proceso de adhesión a la OCDE, tras su reunión con el secretario general del organismo, Mathias Cormann.
Para el Canciller, esta adhesión representa “un eje de política exterior y una herramienta valiosa para fortalecer instituciones, elevar estándares y acompañar las reformas que impulsan la competitividad de nuestro país”.
Aunque el Gobierno anhela acelerar su ingreso, la adhesión plena a la OCDE llevará aún varios años. Después de la aprobación de la hoja de ruta en 2024 y la presentación del Memorándum Inicial en 2025, Argentina entrará en una etapa de evaluaciones técnicas por parte de más de 20 comités del organismo. Solo tras la finalización de estas revisiones y la aprobación de las reformas necesarias, los 38 países miembros deberán votar de manera unánime para aceptar al país en el selecto grupo de las economías desarrolladas.




















