“La asignación de la cuota de carne vacuna con arancel cero se agotó en tan solo cuatro días”, afirmaron funcionarios de la Unión Europea en el marco de un seminario sobre Mercosur-UE realizado en Bruselas, Bélgica, del 1 al 5 de junio.
En medio de intensas negociaciones en el bloque económico del sur por el reparto de las cuotas arancelarias otorgadas por la UE, las plantas frigoríficas argentinas tuvieron un protagonismo destacado, logrando casi la totalidad de los primeros envíos que abastecerán el mercado europeo durante los meses de junio, julio y agosto.
De acuerdo a las proyecciones del sector privado, es probable que los exportadores argentinos hayan alcanzado un volumen cercano a las 11,000 toneladas en este período de cuatro días.
En el mercado europeo, los cortes de carne están valorados entre 10,000 y 14,000 dólares por tonelada FOB, lo que se traduce en un ingreso potencial para la balanza comercial argentina que oscilaría entre 111 y 160 millones de dólares.
Este monto podría duplicarse en la segunda mitad del año si Argentina mantiene su supremacía frente a Uruguay y Paraguay, los cuales están compitiendo por una mayor cuota, mientras Brasil aún se adapta a los requisitos establecidos.
El predominio argentino en este inicio de período se explica, en parte, por la exclusión de Brasil en ciertos segmentos de la lista de países elegibles que la Comisión Europea presentó a los Estados miembros el pasado 12 de mayo.
El obstáculo para Brasil es fundamentalmente de carácter regulatorio. Bruselas ha reafirmado su prohibición sobre el uso de antibióticos y antimicrobianos como promotores del crecimiento en ganado destinado al consumo humano, en línea con una política de sostenibilidad global que busca combatir la resistencia bacteriana.
A pesar de que las autoridades europeas permitieron un período de gracia de cuatro años para que los exportadores se ajustaran a los nuevos estándares, el Ministerio de Agricultura de Brasil no pudo presentar las certificaciones necesarias para demostrar el cumplimiento de estas normativas a lo largo del ciclo biológico del ganado, que se extiende por tres años.
En contraste, los sistemas de control y trazabilidad implementados por Argentina y Uruguay superaron las evaluaciones sin dificultades, lo que les permitió atender de inmediato la demanda de los importadores europeos ante la ausencia de producción brasileña.
La situación actual pone de manifiesto las tensiones políticas internas dentro del Mercosur y las dificultades de coordinación entre sus miembros.
El tratado establece un contingente global definitivo de 99,000 toneladas de carne vacuna para todo el bloque, pero no detalla cómo debe dividirse esta cuota comercial entre los cuatro países fundadores.
Por lo tanto, las negociaciones internas están intensificándose ante la proximidad de nuevas asignaciones de cuotas para exportar a la UE. Las diferencias en peso político y capacidad exportadora complican el consenso, ya que Brasil busca maximizar su participación en el cupo, mientras Paraguay argumenta que su histórica cuota de mercado internacional, que ronda el 22%, no se refleja en la escasa asignación prevista de entre el 7% y el 8%.
A su vez, Argentina y Uruguay defienden sus derechos adquiridos y su capacidad de respuesta rápida en el comercio.
Mientras se llevan a cabo estas discusiones diplomáticas, la Unión Europea mantiene una postura de estricta neutralidad técnica.
Para los funcionarios en Bruselas, el origen de los productos se unifica bajo el certificado Mercosur, y el cupo se gestiona trimestralmente por orden de llegada.
Si los países no logran establecer un mecanismo de subcuotas nacionales, la incertidumbre comercial y los posibles cuellos de botella logísticos recaerán completamente sobre el bloque sudamericano, aunque el tratado incluye un mecanismo de compensación que permite a un socio transferir su saldo no utilizado a otro, evitando así perder la preferencia arancelaria.
Aunque el inicio ha beneficiado a la industria ganadera argentina, analistas y operadores del sector advierten que celebrar demasiado pronto podría ser un error.
La implementación de estas cuotas ha evidenciado que las reducciones arancelarias son solamente una parte del asunto, ya que la principal barrera en el comercio con Europa actualmente reside en las regulaciones.
Las exigencias en bienestar animal, el uso de neonicotinoides y las estrictas normativas ambientales, que frecuentemente son denunciadas como medidas proteccionistas encubiertas, juegan un papel crítico para maximizar los beneficios del acuerdo.
De hecho, el próximo gran desafío no se centrará en las cámaras frigoríficas, sino en los puertos granarios, ya que la inminente implementación de controles sobre la soja y las plantas de procesamiento de acuerdo a las leyes de deforestación cero ya están generando preocupación en el importante polo agroindustrial del Gran Rosario.
Adicionalmente, la apertura beneficia también al sector agroindustrial, estableciendo contingentes arancelarios globales para otros productos delicados como la carne aviar, con una cuota de 180,000 toneladas, y el azúcar, con 11,000 toneladas.
Asimismo, este tratado consolida una relación estratégica ya existente en el mercado de la soja, donde el Cono Sur representa el 70% del grano que importa la Unión Europea, utilizando la infraestructura logística de Argentina como el principal centro de procesamiento y despacho en la región.
Por otro lado, la reducción gradual de aranceles también abrirá el mercado sudamericano a los exportadores europeos de alimentos de alto valor agregado, como quesos, vinos y aceites.




















