Según el itinerario oficial proporcionado por la Santa Sede, el Papa partirá el viernes 6 de noviembre a las 7 de la mañana desde el aeropuerto de Fiumicino, con un arribo a Montevideo programado para las 16.30, hora local. Este trayecto implica un vuelo transatlántico de aproximadamente 13 horas y media sin escalas. El regreso a Roma será aún más extenso; despegará de Lima el lunes 16 a las 13.45, llegando a la capital italiana el martes 17 a las 10.25, después de casi 15 horas de vuelo.
Entre estos largos recorridos, su agenda contempla diez vuelos adicionales dentro de Sudamérica. En primer lugar, el recorrido a Paysandú desde Montevideo y el posterior cruce a Buenos Aires. Desde la capital argentina, hará un viaje de ida y vuelta a Córdoba y luego, el 11 de noviembre, volará a Lima en un trayecto de cinco horas y media. Ya en Perú, se trasladará a Chiclayo, con dos trayectos en helicóptero hasta Santa Cruz de Succhabamba. El domingo 15 encadenará tres vuelos en un mismo día: de Chiclayo a Cusco, de Cusco a Pucallpa y finalmente, de Pucallpa a Lima.
En total, el Papa subirá y bajará 14 veces de una aeronave: 12 vuelos en avión y dos en helicóptero, acumulando alrededor de 47 horas de vuelo en solo doce días. Se enfrentarán a 14 despegues y aterrizajes, con los cambios de presión que estos conllevan, incluyendo una escala en Cusco, situada a 3.400 metros sobre el nivel del mar. Los vuelos intercontinentales suman más de 28 horas, mientras que los tramos dentro de Sudamérica agregan otras 17 horas.
Los especialistas consultados coinciden en que, si todo marcha según lo previsto, no debería haber impedimentos para volar pasadas dos semanas de la operación. Desde el Vaticano se estimó un posoperatorio de alrededor de siete días. Si se respeta el calendario, entre la cirugía y el vuelo hacia Montevideo, habrán transcurrido más de tres semanas.
El cirujano torácico Omar García explicó el protocolo habitual. Si la intervención se lleva a cabo de manera mínimamente invasiva y no se presenta fuga aérea, “a las 48 horas se retira el drenaje y se otorga el alta en los diez días siguientes”. A partir de ese punto, lo más prudente sería esperar entre 10 y 15 días antes de realizar un viaje.
Eduardo Giugno, director de la carrera de especialistas en Neumonología, también respalda estos plazos. “En una cirugía mínimamente invasiva o no complicada, se debe esperar de una a dos semanas para poder volar”, indicó. Señaló que las guías de la Sociedad Británica de Tórax sugieren realizar una radiografía de pulmón sin problemas antes de abordar un avión.
Sebastián Lamot, neumonólogo de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria, recomendó un enfoque más conservador. “Las pautas sugieren esperar más de dos semanas, permitiendo que el pulmón se expanda completamente antes de volar”, advirtió, y añadió que hay grupos quirúrgicos que adoptan posturas más o menos conservadoras.
Las aeronaves comerciales vuelan a altitudes de 10.000 a 12.000 metros, pero la cabina no se encuentra a nivel del mar. “La cabina se comporta como si estuviera a 2.000 metros de altura”, explicó Lamot. A esta altitud, la presión barométrica disminuye y el oxígeno disponible para los pulmones se reduce.
Para un paciente recién operado, esto tiene dos consecuencias. “Por un lado, disminuye la oxigenación y, por otro, se incrementa el riesgo de neumotórax si la operación fue reciente”, resumió el especialista. Los cambios de presión pueden causar que, “si hay algo de aire, esto se expanda y genere un neumotórax significativo durante el vuelo”.
García destacó un escenario particular: la despresurización de la cabina. “En tal caso, el riesgo de neumotórax está incrementado debido a la cirugía pulmonar previa”, puntualizó, aunque aclaró que “en un vuelo convencional no debería presentarse ningún inconveniente”.
Lamot también advirtió sobre las horas de vuelo. “No es lo mismo un vuelo corto que uno de 12 o 14 horas”, señaló, y subrayó que la condición del paciente es clave: “No es tanto la edad, sino si presenta enfisema, limitaciones cardiovasculares o si su nivel de oxigenación es adecuado”.
Sin embargo, García enfatizó la edad y la exigente agenda del Papa. “Lo más relevante es su estado general”, dijo. “Una cirugía impacta en el cuerpo”, y hay que considerar no solo el tipo de operación o el riesgo de despresurización, sino que se trata de “un paciente de 71 años con un programa muy activo después de una intervención quirúrgica”.
Los profesionales de la salud vinculan sus consideraciones a una premisa: que el posoperatorio transcurra de manera normal. “Si surge algún imprevisto o una fuga de aire persistente después de la cirugía, los tiempos de recuperación se extienden considerablemente hasta que se otorgue el alta quirúrgica”, advirtió García.
Lamot fue quien se mostró más cauteloso al analizar el calendario de la gira. Si transcurren más de dos semanas y la oxigenación es la adecuada, reconoció que “quizás se podría volar sin problemas”. Sin embargo, hizo una advertencia: “los tiempos son justos para permitir el vuelo. No digo que sea imposible, sino que se debe evaluar cuidadosamente cada caso clínico”.
Por ahora, no hay anuncios sobre cambios en la gira del Papa, que contemplará diez ciudades en tres países entre el 6 y el 17 de noviembre.



















