Con solo 19 años, Flores todavía no cuenta con un perfil en Wikipedia, pues su ascenso ha sido tan veloz que nadie ha tenido la oportunidad de documentar su historia en la famosa enciclopedia. En tan solo cinco partidos —cuatro como titular y uno saliendo desde el banco—, ha logrado convertirse en la principal referencia ofensiva del equipo dirigido por Rodolfo Arruabarrena, generando gran expectativa entre los hinchas, a pesar de que los resultados del equipo no han sido del todo satisfactorios.
En el predio de Ezeiza, pocos se sorprenden por su éxito actual. Desde su llegada al club a los siete años, Flores fue señalado como una de las grandes promesas de las divisiones inferiores, iniciando un recorrido muy diferente al de su amigo Tomás Aranda, quien se consolidó un poco más tarde y sin tanta fama.
Los registros de seguimiento del cuerpo técnico corroboran lo que es evidente: “Todavía está liviano, pero no lo pueden agarrar”, comentan allegados a Arruabarrena sobre Flores, quien completó su primera pretemporada con el plantel sin dificultades y participó de todos los entrenamientos, a pesar de un apretado calendario. Su velocidad inicial y su capacidad para mantener la intensidad a lo largo de los 90 minutos son impresionantes. En su actuación reciente en Rosario, fue el jugador más peligroso de Boca en la primera mitad y tuvo un papel clave al final, aportando al empate 2-2 frente a Newell’s. En medio de un proceso de reconstrucción, Boca percibe que tiene en sus manos a un futbolista capaz de definir partidos con una sola jugada, al mismo tiempo que busca cuidar su desarrollo para que no salte etapas.
Expertos en el fútbol juvenil suelen reiterar que ningún jugador debe ser juzgado por sus primeros partidos; lo habitual es que inicien con fuerza, pasen por una meseta y solo después muestren su verdadera capacidad. Sin embargo, en el caso de Flores, esa certeza se forjó mucho antes. Desde sus días en infantiles, fue el jugador más destacado de su categoría, a la que pertenecía Joaquín Di Lollo, hermano de Lautaro, quien este año tuvo la oportunidad de entrenar con el primer equipo.
Un momento clave que ilustra su potencial ocurrió el domingo, cuando con el equipo perdiendo 2-1 y ya en los últimos minutos, desbordó con fuerza a Jerónimo Russo, iniciando la jugada del tanto del empate. A destacar fue su actitud, ya que, mientras sus compañeros celebraban, Flores volvió al arco en busca del balón para apresurar el saque y optar por la victoria. Casi lo logra con un remate cruzado que pasó muy cerca del palo.
Nacido en Beccar el 6 de febrero de 2007, sus inicios fueron en El Zorzal, de San Isidro, y luego pasó por los clubes Ballester y Barrufaldi, antes de llegar a Boca en 2014. Cuando Diego Mazzilli, un reconocido ojeador del club, lo observó por primera vez, rápidamente concluyó que se trataba de un talento especial. Desde entonces, Flores ha sido titular en todos los equipos que integró y ha contribuido con goles y asistencias.
En septiembre de 2024, firmó su primer contrato profesional, que fue renovado hasta junio de 2029. En el siguiente semestre, se destacó en la Reserva, formando una gran sociedad por la derecha con Dylan Gorosito y anotando cuatro goles en un solo partido frente a Aldosivi. Para su debut en Primera, acumulaba un gol —un olímpico ante Platense— y dos asistencias en sus últimos diez encuentros con el equipo de Mariano Herrón.
Juega como extremo, pero el gol siempre ha sido uno de sus principales atributos. Terminó los últimos dos torneos de Reserva con ocho goles en cada uno, la mejor marca para un juvenil de Boca desde la etapa de Nicolás Blandi, que también había marcado ocho y luego 15 durante su paso por la Tercera. Su estreno fue memorable, anotando el segundo gol en la victoria 2-0 contra Sarmiento.
Flores se ha convertido en una apuesta importante para Arruabarrena, un entrenador con antecedentes de promover juveniles, como Nahuel Molina, lateral de la selección argentina. Al inicio de este año, Flores no completó la pretemporada con Primera, aunque estuvo en el banco de suplentes en tres partidos del ciclo de Claudio Ubeda, sin sumar minutos.
El contexto ha cambiado drásticamente. En el encuentro contra Newell’s, con la salida de Miguel Merentiel y Sebastián Villa, Flores jugó los 90 minutos, lo que evidencia la confianza que Arruabarrena tiene en él y la creencia de que, cada vez que recibe el balón, puede generar algo positivo.
Este miércoles, Boca se enfrentará a Estudiantes en el estadio de Huracán, en un partido pendiente de la segunda fecha. Arruabarrena aún no ha decidido si descansará a algunos titulares, considerando la seguidilla de partidos, que incluye encuentros contra Vélez y el comienzo de la serie en octavos de final de la Copa Sudamericana, primero en la Bombonera y luego en Asunción, con otro partido en medio contra Platense.
Flores, quien fue el mejor jugador de Boca en Rosario y uno de los más destacados desde la llegada del nuevo entrenador, ha dejado de ser visto solo como una promesa. Ahora busca establecerse como una de las figuras representativas del nuevo Boca.



















