La psicología sugiere que la tendencia a inventar excusas comienza en la niñez. En ese período, es probable que un niño haya aprendido a utilizar una “mentira” para evitar reprimendas. De manera simple, esta conducta es un mecanismo de defensa innato que busca evadir la culpa o la vergüenza; no se limita únicamente a situaciones sociales, sino que también puede presentarse en contextos laborales o educativos.
Además, la revista especializada en salud mental “Psychologs” destaca que este hábito revela dificultades para afrontar situaciones incómodas, llevando a la persona a restringir su vida en gran parte a su zona de confort. Esta combinación de factores puede tener efectos negativos en la salud mental, afectando tanto la autoestima como la confianza del individuo. Aquellos que tienen problemas para expresar que no desean asistir a cierta reunión quedan a merced de las expectativas de los demás.
Por otro lado, la doctora Amelia Aldado, psicóloga clínica y fundadora de Together CBT en Nueva York, comenta que la creación de excusas para no participar en un evento puede indicar que la persona está sufriendo de agotamiento social. Este agotamiento puede surgir de múltiples responsabilidades en su vida diaria; al sentir que estas tareas consumen gran parte de su tiempo, optan por disfrutar de tiempo libre y desconexión.



















