Un informe de Rizobacter advierte que las condiciones propicias para el crecimiento vegetal también pueden generar ambientes favorables para la aparición y propagación de patógenos. Cuando los cultivos crecen rápidamente y desarrollan una masa foliar abundante, aumenta la necesidad de prestar atención a su estado sanitario para evitar posibles pérdidas de rendimiento.
“Una campaña con buena oferta hídrica invita a pensar en mayores rendimientos, pero también exige prestar más atención a la sanidad”, explicó Juan Pablo Timpone, gerente global de Tecnologías de Aplicación de Rizobacter. En ese sentido, destacó la importancia de realizar un seguimiento constante y establecer diagnósticos precisos para determinar las medidas de manejo adecuadas.
Desde la compañía señalaron que los ambientes cálidos y húmedos pueden favorecer distintas enfermedades y que una intervención tardía puede comprometer la productividad. Por eso, la protección fungicida resulta relevante no solo como respuesta ante síntomas visibles, sino también como parte de una estrategia destinada a preservar el área foliar durante las etapas críticas del cultivo.
El manejo sanitario requiere integrar información climática, monitoreo, diagnóstico y planificación de las aplicaciones. La presencia de agua, por sí sola, no garantiza un resultado favorable: el comportamiento de cada enfermedad depende del cultivo, el patógeno, el estado fenológico, las condiciones ambientales, los antecedentes del lote y las decisiones agronómicas.
Otro de los aspectos centrales es la calidad de aplicación de los productos. Según Timpone, la elección del fungicida y el momento de intervención son fundamentales, pero su eficacia también depende de que las gotas alcancen la superficie vegetal, logren una cobertura adecuada y permanezcan el tiempo necesario para favorecer la acción del tratamiento.
“Podemos seleccionar el producto adecuado y tomar la decisión en el momento correcto, pero si la aplicación no logra una cobertura uniforme, hay sectores del cultivo que quedarán con menor nivel de protección”, advirtió el especialista. En escenarios de elevada presión sanitaria, esas diferencias pueden adquirir especial importancia.
En este contexto, los adyuvantes se presentan como herramientas para mejorar el desempeño de las aplicaciones. Rizobacter destacó las características de Rizospray Wet, un adyuvante siliconado desarrollado por la empresa para favorecer la estabilidad y eficiencia de las mezclas.
De acuerdo con la compañía, el producto está diseñado para adaptarse a mezclas complejas y condiciones ambientales adversas, con funciones vinculadas a la estabilidad de las emulsiones, el control de la espuma y la reducción de la evaporación. En aplicaciones fungicidas, busca contribuir a mejorar la cobertura, el esparcimiento y la distribución de las gotas sobre la superficie vegetal, además de favorecer su permanencia sobre el objetivo.
La firma también señaló que el impacto de un adyuvante puede analizarse mediante variables como el comportamiento de las gotas, la cobertura alcanzada y los resultados del tratamiento. En el caso de Rizospray Wet, indicó que distintos ensayos realizados en aplicaciones con herbicidas permiten observar su comportamiento en relación con la llegada, distribución y permanencia de la mezcla sobre el blanco.
No obstante, esas evaluaciones corresponden a tratamientos herbicidas y no constituyen, por sí solas, una demostración directa de resultados específicos en aplicaciones fungicidas.
Ante una campaña con perspectivas de buena disponibilidad hídrica, la planificación sanitaria y la calidad de las aplicaciones se perfilan como factores relevantes para aprovechar el potencial productivo y reducir los riesgos asociados a las enfermedades. El seguimiento de cada lote y las decisiones adaptadas a sus condiciones serán determinantes para proteger el rendimiento.




















