El estudio advierte que, aunque las asignaciones se actualizan mensualmente según la inflación desde julio de 2024, las prestaciones del sistema contributivo todavía no recuperaron el valor real que tenían hace una década. La evolución fue diferente para los hogares que reciben la AUH y el refuerzo alimentario, que registraron una recuperación de su capacidad de compra.
Según el informe, en septiembre de 2026 el monto de la AUH tenía un poder adquisitivo un 9% superior al de 2016. Al sumar la Prestación Alimentar, la capacidad de compra de ambas transferencias alcanzaba un nivel 60% mayor que diez años atrás.
Sin embargo, el comportamiento de los beneficios no fue uniforme. La UCA señala que las modificaciones en los montos, los mecanismos de actualización y las condiciones de acceso generaron diferencias entre los hogares según el sistema de asignaciones que reciben y su nivel de ingresos.
En el caso del Sistema Único de Asignaciones Familiares (SUAF), la actualización mensual permitió frenar un mayor deterioro, pero no compensó las pérdidas acumuladas desde 2016. La situación también estuvo condicionada por la evolución de la Prestación Alimentar, que permaneció congelada entre junio de 2024 y abril de 2026. Durante ese período, su valor real cayó un 44,1%.
En mayo de 2026, el beneficio recibió un incremento del 38,3%. Aun así, volvió a perder capacidad de compra frente al aumento de los precios de los alimentos y, en septiembre, su valor real continuaba casi un 30% por debajo del registrado en junio de 2024.
El informe también advierte que los ajustes vinculados con la inflación general no siempre acompañan el encarecimiento específico de los alimentos. Esa diferencia quedó expuesta entre noviembre de 2025 y enero de 2026, cuando la canasta básica alimentaria registró aumentos mensuales de entre el 4% y el 6%.
Otro de los puntos analizados es la situación de los hogares de menores ingresos que reciben asignaciones familiares contributivas y aquellos que acceden a la AUH. A partir de microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el ODSA estimó que, durante el primer trimestre de 2026, los hogares del tramo 1 del SUAF —cuyo límite de ingresos se ubica en 0,76 canastas— presentaban condiciones de vulnerabilidad similares a las de los beneficiarios de la asignación universal.
Las transferencias, no obstante, tienen efectos diferentes sobre los indicadores sociales. Según las estimaciones del estudio, la AUH combinada con la Prestación Alimentar reduce la indigencia en aproximadamente 20 puntos porcentuales. En el caso del SUAF del tramo 1, la disminución es de 11 puntos, mientras que el efecto en los tramos 2 a 4 resulta limitado.
Las diferencias también aparecen al observar los niveles de pobreza: entre los hogares que reciben el SUAF, el indicador se ubica en el 22,4%, frente al 63,7% registrado entre los beneficiarios de la AUH. El informe sostiene que el segmento de menores ingresos del sistema contributivo presenta cada vez más similitudes con los hogares que reciben la asignación universal, pero percibe una transferencia que es 2,3 veces inferior.
El acceso a las asignaciones familiares también estuvo condicionado por los límites salariales. Entre marzo de 2022 y febrero de 2023, el tope de ingresos individuales para cobrar el SUAF permaneció fijado en $158.366, mientras que los precios aumentaron un 102,5%. Como consecuencia, algunos hogares quedaron excluidos de la prestación pese a continuar atravesando dificultades económicas.
En el primer trimestre de 2023, la pobreza entre los hogares que superaban el límite de ingresos llegó al 10,7%, mientras que entre quienes percibían el SUAF alcanzó un máximo del 53,9%. En 2024 se revisaron los límites y la composición de los tramos. Desde entonces, para acceder al tramo 1, el ingreso familiar debe ubicarse por debajo de 0,76 canastas, frente a un umbral de 1,28 canastas vigente en 2018.
En la comparación interanual más reciente, entre septiembre de 2025 y septiembre de 2026, la AUH y las asignaciones familiares del SUAF aumentaron cerca de un 33,8%, mientras que la inflación fue del 33,4%. La diferencia representó una mejora real de apenas el 0,4%.
La Prestación Alimentar, en tanto, registró un incremento nominal del 38,3%, equivalente a una recuperación real del 3,7%. Al considerar en conjunto la AUH y el refuerzo alimentario, las mejoras reales para los hogares se ubicaron entre el 1,3% y el 1,6%, según la cantidad de hijos.
El informe de la UCA pone el foco en las diferencias entre los sistemas de transferencias y en las dificultades que enfrentan los hogares de menores ingresos para sostener su capacidad de compra. Los resultados muestran que la actualización de los beneficios permitió algunas mejoras recientes, pero no eliminó las pérdidas acumuladas ni las desigualdades entre los distintos grupos de beneficiarios.



















