Una de las mediciones privadas registró una caída de la inversión del 8,8% interanual y del 6% mensual en julio. El retroceso frente a junio estuvo explicado tanto por la construcción, que disminuyó 4,4%, como por los equipos durables, que cayeron 7,2%. Dentro de estos últimos, el equipo nacional tuvo una baja del 9,9%, mientras que el importado retrocedió 5,5%.
Otra medición de la Inversión Bruta Interna Mensual (IBIM) mostró una caída del 3,5% respecto de junio. El indicador desestacionalizado se ubicó en su nivel más bajo desde agosto de 2024 y, en la comparación interanual, registró un descenso del 8,1%.
El comportamiento de la construcción y de la maquinaria y el equipo volvió a explicar parte de la debilidad de la inversión. La construcción permaneció en terreno negativo, mientras que la contracción fue todavía mayor en maquinaria y equipos, que continúan como el componente más rezagado.
En términos de dólares, la inversión alcanzó aproximadamente los US$7.401 millones durante julio, equivalentes al 17,5% del Producto Bruto Interno (PBI). El nivel se encuentra entre los más bajos de los últimos años, con excepción de los dos primeros trimestres de 2024.
Las proyecciones sobre la actividad también anticipaban una contracción durante julio. Los indicadores más vinculados con la inversión, como la construcción y las importaciones de bienes de capital, mostraron retrocesos en línea con la evolución general de la economía.
La estrategia económica del Gobierno parte de la idea de que la inversión puede convertirse en la variable capaz de sostener el crecimiento del PBI, debido a que permite ampliar la capacidad productiva. Por ahora, sin embargo, el consumo y las exportaciones fueron los principales motores de la actividad.
En el caso del consumo, el dato no implica necesariamente un crecimiento masivo. La medición también incorpora operaciones asociadas a sectores medios y altos, entre ellas la compra de automóviles importados y los gastos vinculados con el turismo.
La debilidad de la demanda interna, el comportamiento de la construcción y la incertidumbre en torno al programa económico, especialmente frente al escenario electoral, aparecen entre los factores que llevan a postergar decisiones de inversión de largo plazo. En ese contexto, las empresas mantienen cautela a la hora de incorporar nueva maquinaria.
El dato de agosto, de todos modos, introdujo una señal diferente. Las importaciones de bienes de capital aumentaron 11% interanual y dejaron atrás cuatro meses consecutivos de variaciones negativas. El incremento estuvo principalmente relacionado con los proyectos del RIGI.
Mientras las compras vinculadas con esos proyectos aumentaron, el resto de las empresas se mantuvo en niveles similares a los de agosto de 2025, aunque sus importaciones se ubicaron 7% por encima del promedio de los tres meses anteriores.
En agosto, las importaciones relacionadas con el RIGI alcanzaron los US$140 millones, el mayor monto desde el lanzamiento de la iniciativa por parte del Poder Ejecutivo. Esa cifra representó el 43% del total adquirido por las empresas bajo este régimen desde enero de 2025.
Tres proyectos concentraron dos tercios de las compras realizadas en el exterior. El mayor volumen correspondió al Vaca Muerta Oleoducto Sur (VMOS), impulsado por un consorcio integrado por Pan American Energy, Vista Energy, Pampa Energía, Pluspetrol, Chevron, Tecpetrol y Shell. Las adquisiciones estuvieron concentradas en tubos, bombas centrífugas y válvulas esféricas.
En segundo lugar se ubicaron Transportadora de Gas del Sur (TGS), con compras de compresores de gas, y GEAR, que incorporó grupos electrógenos.
Durante agosto también comenzaron a registrar importaciones dos nuevos proyectos. San Matías adquirió tubos, mientras que Rincón de Aranda compró equipos destinados a filtrar líquidos. Por su parte, Sidersa importó hornos, instrumentos y laminadores, mientras que Southern Energy realizó compras de compresores de gas.
El crecimiento de las importaciones vinculadas al RIGI fue considerado una señal positiva, aunque todavía limitada. Al mismo tiempo, las compras externas de insumos relacionados con la actividad productiva permanecen estancadas. Otro dato que llamó la atención fue la caída del 29% en las importaciones de automóviles.
Las proyecciones privadas anticipan que el retroceso de la inversión podría moderarse gradualmente. En particular, las inversiones asociadas al RIGI en sectores como energía y minería podrían generar un impulso adicional, aunque el efecto dependerá de los plazos de ejecución de los proyectos y podría darse de manera lenta.
Un monitoreo del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA estimó que la inversión comprometida en activos no financieros durante los primeros dos años de los proyectos analizados alcanza aproximadamente los US$11.807,9 millones. Ese volumen podría contribuir a dinamizar la inversión, aunque también persisten cuestionamientos sobre la concentración sectorial del régimen y la falta de una política orientada al desarrollo de proveedores que permita fortalecer la generación de empleo y de conocimiento en el país.




















