El puerto de Buenaventura, uno de los principales puntos de salida del café colombiano, enfrenta dificultades como consecuencia de derrumbes y bloqueos en distintos corredores viales, particularmente en un tramo clave de la carretera que conecta Cali con Buenaventura.
Desde el sector exportador señalaron que las operaciones vinculadas con el café permanecen prácticamente paralizadas y que todavía no existe una fecha oficial para la reapertura completa de la ruta. Mientras tanto, los administradores de las terminales portuarias realizan relevamientos para determinar el alcance de los daños y aplicaron restricciones al ingreso de nuevos cargamentos.
Otros puertos del país, como Cartagena y Santa Marta, en la costa del Caribe, no registraron interrupciones significativas. Sin embargo, trasladar el café hacia esas terminales se volvió más complejo debido a la escasez de camiones disponibles.
La interrupción logística también generó movimientos en los contratos de futuros de café arábica negociados en Nueva York, mientras los operadores evalúan el posible impacto sobre la oferta internacional. Colombia es el segundo mayor proveedor mundial de este tipo de café y durante 2025 produjo 13,4 millones de sacos de 60 kilos.
El problema adquiere especial relevancia porque una parte importante de la actividad cafetera se concentra en zonas cercanas al epicentro del terremoto. En particular, la cosecha actual se desarrolla en departamentos como Cauca, Nariño, Valle del Cauca y Huila, cuyos cargamentos suelen ser trasladados hacia Buenaventura.
Las plantas de procesamiento también se encuentran evaluando los daños. Hasta el momento no se reportaron afectaciones estructurales graves en los establecimientos de procesamiento de café, aunque las operaciones están condicionadas por cortes de electricidad, problemas de conectividad y las dificultades que atraviesan los trabajadores afectados por el terremoto, incluidos quienes perdieron sus viviendas.
La situación podría prolongar sus efectos incluso después de la reapertura de las rutas. La acumulación de café durante los días de interrupción generaría un volumen importante de carga que deberá ser trasladado de manera simultánea, con el riesgo de provocar congestiones en los puertos y nuevas demoras.
Colombia exporta alrededor de un millón de sacos de 60 kilos de café por mes. Por ese motivo, cada jornada de paralización implica una acumulación significativa de mercadería y aumenta la presión sobre una cadena logística que deberá recuperar su funcionamiento progresivamente una vez habilitados los corredores y las terminales.
El sector exportador advierte que la normalización de las rutas no necesariamente implicará una recuperación inmediata de los embarques, debido al volumen de café retenido y a las dificultades que podrían aparecer en el transporte y en los complejos portuarios.




















