Las reacciones del público en las últimas horas reflejan una inquietante sensación de “orfandad”, que surgió tras el silbatazo final del partido contra España, el domingo 19 de julio. Al respecto, los datos de una encuesta del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la UBA, realizada en la Ciudad de Buenos Aires y su área metropolitana, permiten dimensionar este vacío que sigue a la final del Mundial.
Para el 82 por ciento de los encuestados, la victoria de Argentina en la Copa del Mundo era “importantísima” o tenía una gran relevancia. Esta cifra se distribuye de manera equitativa entre hombres y mujeres. Además, el 30,6 por ciento de los participantes confesó que seguía los partidos de Argentina “desde varias horas antes” de que comenzaran. Un 20,7 por ciento expresó que se sentía como si “jugara el partido desde afuera”, y al 16,9 por ciento le costaba “concentrarse en otra cosa”.
Sin embargo, todo esto ya forma parte del pasado. Ante el inicio de una semana lluviosa, las redes sociales se han convertido en un espacio de reflexión y catarsis, donde muchos comparten su lucha por adaptarse a esta repentina desubicación tras el final de un periodo de intensa adrenalina. Esta sensación se ve acentuada por la manera dramática en que el equipo argentino superó los obstáculos durante la competencia.
También se refleja en el costo emocional de una gran ilusión. Un usuario en la red X, Adrián Viale, comenta: “Cuando te vas en octavos o en cuartos te vas desintoxicando de a poco mientras el Mundial se deshilacha. Cuando te vas el último día, solo queda el vacío, repentino y total”. Por su parte, Germán Balcarce aporta otra perspectiva: “El vacío de estar horas es tremendo. El Mundial genera charlas, fútbol, historias, figuritas y mucho más. Hasta nos ayuda a medir el tiempo”.
Por más que el fútbol de clubes intente recuperar la pasión argentina por este deporte, la encuesta del OPSA revela que esta opción no logra suplir el vacío que deja la culminación del Mundial, especialmente luego de no haber alcanzado el título. Un 86 por ciento de los consultados afirmó que le resultaba más relevante que Argentina ganara la Copa del Mundo en comparación con los logros de su propio club.
En cuanto a las emociones y sentimientos provocados por la posibilidad de que Argentina obtuviera la cuarta estrella, un 65,9 por ciento lo relacionó con “alegría y felicidad”, un 37,4 por ciento con “unión y orgullo colectivo”, un 16,6 por ciento con “mérito, justicia e historia deportiva”, y un 13,3 por ciento con “alivio en medio de la crisis”.
“Lo esperamos cada cuatro años y se va tan rápido. Hay un enorme vacío. Bendito Mundial. Mágico y especial como nada más”, expresa el relator Oscar Funes. Mientras tanto, Sofi Merro McLean ilustra: “Lunes. Post Mundial. Dudas, muchas dudas. Lluvia. El vacío existencial es un escándalo”. Tomás Fernández suma: “Se nos fue el Mundial. Volvemos a la vida real. El vacío es inmenso”.
Incluso aquellos que no estuvieron tan involucrados con la competencia, como algunos chilenos, parecen sentir este bajón, como refleja un medio trasandino que publicó un artículo titulado “Del éxtasis colectivo al vacío postmundialero”. En él, el psicólogo y académico de la Universidad Central, Víctor Cepeda, comenta: “Termina una experiencia compartida durante un mes. La rutina cotidiana puede parecer menos estimulante. No se trata solo de aburrimiento; también hay una pérdida momentánea de estructura, expectativas y conexión social que son necesarias”.
En el caso de Argentina, esa “conexión social” parece tener un significado especial, como agua en el desierto. El estudio de la UBA concluye que “en un país que hace tiempo no logra consensos en casi nada, la Copa del Mundo es una de las pocas cosas que aún se conjugan en primera persona del plural. Los argentinos no esperan solo ganar un torneo: esperan volver a decir nosotros”.




















