El uso del celular es una constante en la vida de los argentinos, ya que, según datos del INDEC de finales de 2025, más del 90% de las personas mayores de cuatro años utilizan un teléfono móvil. Este dispositivo depende, en gran medida, de una batería de litio que requiere recarga. Sin embargo, lo que debería ser un procedimiento cotidiano puede derivar en situaciones peligrosas, como ocurrió recientemente con una pareja que sufrió lesiones debido a la explosión del celular mientras lo cargaban en su automóvil en una ruta en Córdoba. La inquietud se centra en las razones detrás de estos incidentes y si es posible prevenirlos. La pareja estaba circulando cerca del kilómetro 7 de la ruta E-53 cuando perdió el control del vehículo tras una explosión del teléfono, chocando contra una alcantarilla. La mujer, de 47 años, necesitó atención médica en el Instituto del Quemado tras el incidente. Un experto en baterías de litio, Arnaldo Visintín, investigador superior del Conicet, aseguró que el lugar de la carga no es el motivo del accidente. “Podría haber ocurrido con el teléfono en la mesa de luz. Lo del auto fue una casualidad”, expresó. Visintín explicó que el riesgo no radica en el origen de la carga, sino en a veces deficiente sistema que rige el potencial de la batería, conocido como sistema de gestión de baterías (BMS, por sus siglas en inglés). Este mecanismo actúa como una válvula de seguridad, similar a los estabilizadores de tensión. Cuando el BMS no funciona correctamente, puede permitir una sobrecarga que eleva el voltaje por encima de lo seguro. El investigador destacó que este proceso no es químico, aunque el litio sí lo es, y en el proceso de carga y descarga, el BMS debe controlar los voltajes para evitar sobrecargas. Visintín aclaró que el litio, un metal que se oxida rápidamente, se ha convertido en el material predominante en la fabricación de baterías gracias a su alto calor específico y su potencial electroquímico. En términos simples, estas baterías tienen dos electrodos que se comunican a través de un electrolito, donde los iones de litio circulan entre el ánodo y el cátodo. A medida que la energía se transfiere, ocurre un proceso de oxidación en una punta y reducción en la otra. Si el BMS no gestiona adecuadamente el flujo de energía, puede haber consecuencias severas, que el investigador atribuye más a fallos en las baterías que a defectos en los cargadores, cables o fuentes de energía. Aunque los casos de explosiones de teléfonos son raros, Visintín expresó su preocupación por la calidad de las baterías fabricadas en otros países y la falta de regulación adecuada en su producción. Además, advirtió sobre la toxicidad de los gases generados durante estos eventos, que presentan un riesgo significativo al ser difíciles de extinguir. A pesar de que tales incidentes son inusuales, recomendó no cargar dispositivos cerca de lugares donde se duerme, así como evitar dejar el teléfono expuesto al sol, ya que el sobrecalentamiento puede afectar su funcionamiento. Para finalizar, Visintín sugirió que sería adecuado que los fabricantes proporcionen información más detallada sobre la composición de las baterías y los cuidados necesarios al usarlas.
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