El vicepresidente de la Federación de Almaceneros, Fernando Savore, explicó que una parte importante de los ingresos familiares se destina a cubrir gastos fijos, como servicios, transporte y salud, lo que reduce el dinero disponible para las compras cotidianas. Según describió, cerca del 40% del presupuesto puede quedar comprometido en esas obligaciones, mientras que el 60% restante debe alcanzar para el resto de las necesidades.
En ese contexto, los consumidores planifican cada compra con mayor cuidado y comparan precios antes de elegir. A la presión sobre los ingresos se suman los aumentos de algunos alimentos: los lácteos registraron una suba del 4% durante el último mes, mientras que el precio de la leche se ubica por encima de los $2.000 por litro, de acuerdo con los valores señalados por el dirigente.
La situación también se refleja en la menor demanda de productos de primeras marcas. Para Savore, la estabilidad relativa de los precios permitió dejar atrás algunas conductas propias de los períodos de inflación más elevada, cuando los consumidores adelantaban sus compras para evitar futuros aumentos. Como ejemplo, recordó diciembre de 2023, cuando la inflación mensual se acercó al 30%.
Sin embargo, esa modificación en los hábitos no alcanzó para consolidar una mejora en la actividad comercial. Durante octubre, noviembre y diciembre se registró un repunte de las ventas, impulsado en parte por las fiestas de fin de año. El movimiento volvió a disminuir en enero y febrero, en coincidencia con las vacaciones y los cambios en las rutinas familiares. Marzo y abril también fueron meses complicados para los pequeños negocios, que debieron afrontar sus costos habituales en un contexto de menor actividad.
Pese a las dificultades, los almacenes continúan funcionando y buscan adaptarse a las nuevas condiciones del mercado. Una de las principales estrategias consiste en incorporar productos de pequeñas y medianas empresas (pymes), que ofrecen precios más bajos que las marcas tradicionales.
Las diferencias pueden ser significativas. Según los ejemplos aportados por Savore, un pan lactal de 600 gramos de primera marca puede costar $6.000, mientras que una alternativa de una pyme, de calidad comparable según su descripción, se vende a unos $3.000. En el caso de los fideos, algunas opciones de empresas más pequeñas cuestan alrededor de $1.200, frente a productos de marcas reconocidas que pueden llegar a los $4.000.
La presencia de estas compañías también creció en otros rubros. El dirigente señaló que las pymes ocupan actualmente una parte importante de las góndolas de galletitas, en un contexto en el que los consumidores buscan reducir sus gastos sin dejar de comprar determinados alimentos.
Otra modalidad que comenzaron a implementar algunos comerciantes es la compra de productos a granel para venderlos en cantidades más pequeñas y a precios accesibles. La estrategia se aplica, por ejemplo, a los cereales: frente a cajas que pueden costar $8.000, algunos almacenes ofrecen la misma cantidad de producto por unos $3.000 mediante la compra y el fraccionamiento de mercadería.
La avena también forma parte de esta alternativa. Según explicó Savore, ciertos productos de marcas tradicionales rondan los $5.000, mientras que presentaciones equivalentes preparadas por los propios comercios pueden venderse por aproximadamente $2.000.
La desaceleración de los aumentos también modificó la forma en que los almacenes administran sus existencias. Durante los períodos de inflación más alta, muchos comerciantes acumulaban mercadería para protegerse de las subas futuras. Ahora, esa práctica perdió parte de su sentido y algunos negocios organizan sus compras con un horizonte de reposición de aproximadamente una semana. Esta modalidad permite reducir los costos de almacenamiento y, según el dirigente, trasladar parte de ese ahorro a los precios finales.
Otra herramienta que sigue vigente en los comercios de cercanía es el fiado. Aunque las tarjetas y los medios de pago digitales ganaron terreno, el cuaderno continúa siendo una alternativa para los clientes habituales que necesitan postergar algunos pagos.
Savore sostuvo que los almaceneros procuran mantener esa modalidad como parte del vínculo de confianza con sus compradores, aunque advirtió que la capacidad financiera de los pequeños negocios es limitada. En algunos casos, los comerciantes aceptan deudas de entre $40.000 y $50.000, siempre que puedan recuperar el dinero en un plazo razonable.
El problema aparece cuando los montos acumulados crecen y ponen en riesgo la posibilidad de reponer mercadería o afrontar los propios compromisos del negocio. Según explicó, permitir que un cliente acumule una deuda de $300.000 puede representar un riesgo importante para un comercio con recursos limitados.
El dirigente comparó esa situación con el endeudamiento que generan las tarjetas de crédito y las compras en cuotas, aunque aclaró que el fiado no puede convertirse en una solución permanente para los consumidores ni para los comerciantes.
De esta manera, los almacenes barriales intentan sostener su actividad en un contexto de ventas débiles, pérdida de poder adquisitivo y consumidores cada vez más atentos a los precios. La incorporación de marcas pymes, el fraccionamiento de alimentos y una administración más cuidadosa del stock y del fiado se convirtieron en algunas de las principales herramientas para afrontar la caída del consumo.




















