El movimiento representa el final del esquema de estabilidad que se había mantenido desde mayo, luego de un aumento de hasta 30% en los costos. El impacto sobre la inflación podría distribuirse a lo largo de los próximos dos meses.
El esquema acordado entre las compañías petroleras y las refinadoras contemplaba mantener sin modificaciones los precios de los combustibles mientras el barril de petróleo se ubicara por encima de los US$80. Posteriormente, el mecanismo establecía una estabilización de los valores para permitir el equilibrio de los flujos de capital.
La nueva suba se produjo después de que el petróleo Brent volviera a superar los US$100 durante las operaciones del jueves. El precio llegó a US$105 por barril, en un contexto marcado por declaraciones contradictorias entre Estados Unidos e Irán.
El incremento del valor internacional del crudo llevó a las compañías del sector a trasladar parte de esa variación a los precios de los combustibles. La empresa estatal, en tanto, todavía no modificó sus valores, aunque se espera que pueda adoptar una medida similar en los próximos días.




















