¿Cómo llega el equipo de Leonardo Ponzio al duelo en la Bombonera? Tiene puntos fuertes, pero también aspectos por corregir. Este es un repaso de ambos.
Entre sus virtudes sobresale la jerarquía de sus futbolistas. River cuenta con cinco campeones del mundo, entre ellos Nicolás Otamendi, un referente de la defensa. También tiene dos laterales de recorrido e influencia, Gonzalo Montiel y Marcos Acuña, aunque este último está en duda junto con Francisco Ortega. Montiel, en particular, suele sumarse al ataque y llegar a posiciones de gol. Thiago Almada es un jugador habilidoso que debe aparecer más, pero cuando lo hace marca diferencias. Ángel Correa, por su parte, es hoy el mejor futbolista del plantel: genera juego, gambetea, asiste y convierte. A eso se suma un arquero joven, con proyección, que tuvo algunos altibajos durante el semestre, pero también realizó atajadas importantes.
Otro aspecto positivo es la capacidad para convertir desde que Ponzio asumió como técnico. Eso ocurre pese a que ninguno de los tres centrodelanteros del plantel, Sebastián Driussi, Lucas Beltrán y Rafael Borré, atraviesa un gran momento. En ocho partidos bajo la conducción del santafesino, el equipo marcó 15 goles, casi dos por encuentro. Incluso pudo haber anotado más: el VAR anuló tres tantos en jugadas polémicas, frente a Sarmiento, Belgrano y Racing.
Además, River consiguió buenos resultados con el plantel completo. Las cifras lo reflejan: con Ponzio sumó 19 de los 24 puntos en disputa, con seis victorias, un empate y una sola derrota.
De todos modos, el equipo todavía está en construcción y conserva algunas debilidades. Una de ellas es la fragilidad defensiva que mostró en varios partidos, aunque no recibió goles en los dos últimos. Los centros y las pelotas cruzadas suelen complicarlo. Frente a Racing logró disimularlo gracias a la firmeza de Otamendi y Lautaro Rivero, quien ocupó el lugar de Lucas Martínez Quarta. Ahora vuelve el Chino, de actuaciones irregulares, tras cumplir una sanción.
La columna vertebral tampoco está consolidada, sobre todo por la falta de un volante central afianzado. Fausto Vera no convenció y está lesionado. Aníbal Moreno regresó, pero se resintió en su segundo partido y su presencia está en duda. Si no llega, jugaría Lucas Silva, un juvenil del club que recién empieza su recorrido. En el clásico con Racing pudo acomodarse cuando Tobías Andrada lo acompañó en un doble cinco. El puesto de “9” también genera incertidumbre: Driussi se lesiona con frecuencia, Beltrán intenta reencontrarse con su mejor versión y Borré está desconectado.
River llega a la Bombonera al cierre de un año complicado, en el que tuvo tres entrenadores. Marcelo Gallardo, el hombre de la estatua, fue sucedido por el breve y triste paso de Eduardo Coudet y, luego, por el interinato de Ponzio. El domingo será una prueba importante para revertir otra deuda de 2026: el equipo no estuvo a la altura en los partidos decisivos. Le ocurrió en el Superclásico anterior, que perdió 1 a 0 en el Monumental; en la final contra Belgrano, y en los octavos de final de la Copa Sudamericana, donde quedó eliminado ante Independiente Santa Fe.
En la Bombonera, River tendrá la oportunidad de redimirse y cambiar la imagen. Buscará sostener la tendencia positiva de la etapa de Ponzio, asegurar el acceso a la fase eliminatoria, acercarse a la Libertadores de 2027 y darles una alegría a sus hinchas.



















