“Somos de sangre armenia, pero por esas cosas de la vida nacimos en Egipto”, cuenta hoy Artín Assalian, quien también nació en El Cairo. Este martes, Argentina se enfrenta a Egipto en un partido de la Copa Mundial, y en la previa, Artín expresa: “Argentina me dio todo. Mi patria es la Argentina. Egipto nunca me hubiera podido ofrecer lo que encontré aquí”, enfatiza. A pesar de lo que indica su documento de identidad, su corazón ya elige la camiseta de la Scaloneta.
Los abuelos de Artín llegaron a Egipto en 1915, huyendo de la persecución turca en Armenia. Fue una diáspora masiva, donde miles de familias dejaran su hogar en busca de seguridad. Sin embargo, la vida en Egipto tampoco era segura y la familia vivía con miedo. Artín apenas tenía dos años cuando decidió escapar del país. Para ello, vendieron todas sus pertenencias y compraron pasajes en un barco hacia Sudamérica, recurriendo a facilitadores de viajes clandestinos.
El trayecto comenzó en el puerto de Alejandría y los llevó a Nápoles y Marsella, donde aguardaron durante diecisiete días para poder cruzar el Atlántico. El recorrido continuó con escalas en Dakar, Brasil y Montevideo, hasta finalmente desembarcar en Buenos Aires.
La familia viajó en cuarta clase, donde la comida era escasa y de mala calidad. Su padre, un sastre que hablaba francés, se vio obligado a reparar la ropa de otros pasajeros de mejor categoría para poder alimentarse. El capitán del barco, después de que su padre confeccionara dos trajes, le ofreció pagarle con comida, lo que mejoró su alimentación durante el viaje y les permitió obtener algunos dólares que facilitarían su nueva vida en Argentina.
“Recuerdo cuando mi mamá me bajó del barco y me puso en los brazos de mi abuelo materno, que ya estaba acá. Ese es mi primer recuerdo”, menciona el hombre de 77 años. Su nombre, Artín, que proviene de raíces armenias, significa “resurrección”. Al llegar al país, intentaron traducirlo, pero la propuesta quedó en Pascual, una opción que no convenció a su padre, quien decidió mantener el nombre: “Déjale Artín”, sostuvo al registrador.
Una vez establecidos en Buenos Aires, vivieron temporalmente en la casa de sus abuelos maternos, en Floresta. Luego nacieron sus tres hermanas y su padre alquiló un hogar en José Ingenieros, donde Artín residió hasta su matrimonio. Al estabilizarse, pudieron traer a otros familiares que todavía se encontraban en Egipto.
“La gente se sorprende cuando digo que nací en Egipto porque el argentino no conoce nada de la cultura. Argentina es un país extraordinario porque tiene buena gente. Trabajé en la calle y son muy solidarios”, reflexiona Artín. El amor por el fútbol lo une a su historia. Cada partido de la Selección lo vive intensamente y analiza los detalles en profundidad.
“Con Cabo Verde sufrí como loco. Los últimos minutos fueron interminables. Creo que deben aparecer otros jugadores. Messi no puede hacer todo solo. Barco me encanta, tiene una fuerza terrible y Argentina lo necesita”, comparte. Además, manifiesta su preocupación por el rival del martes: “Egipto es un país de clima cálido y están acostumbrados a correr. Vi el partido contra Australia y corrieron mucho; son muy físicos”.
Apenas finalizó la secundaria, Artín comenzó a trabajar en una distribuidora y tuvo diversas experiencias laborales, incluyendo su paso por una entidad bancaria y 25 años como cobrador. En 1983, se casó con Mabel Franco, con quien tuvo dos hijos, Matías y Antonella. Hoy, ya jubilado, Artín ha encontrado una forma de mantener vivas sus raíces a través de la cocina. Hace doce años se dedica a esta actividad, combinando los sabores de su herencia armenia, egipcia y argentina.
Cocina por encargo y ofrece platos para grupos reducidos, destacando recetas como fatay, hummus, ensalada Belén, pasticho, mamul y baklava, además de tradicionales argentinos como matambre, peceto, canelones y lentejas. “Los árabes y los armenios tienen una cocina muy similar. Compartimos muchas comidas”, explica desde su hogar en Morón, puntualizando que rara vez queda comida en sus platos. “Nunca dejan nada. Eso para mí es la mayor satisfacción”, concluye.




















