Silvia Ramírez Gelbes, directora de la Maestría, fue la primera en dirigirse a los graduados y a quienes inician este nuevo ciclo académico. En su intervención, abordó las transformaciones que ha experimentado el periodismo en la última década, marcadas por la pandemia y la irrupción de la inteligencia artificial. “Todo pareciera indicar que los humanos somos prescindibles y, en nuestro caso, que quienes hacen periodismo lo son. Que la IA generativa puede producir periodismo sin el control de las personas. Que las personas van a convertirse en autómatas data entries en el futuro próximo. Debo discrepar de esa afirmación. Nunca como hoy, cuando la verdad se confunde con la verosimilitud, es imprescindible el buen periodismo”, apuntó Gelbes.
La directora destacó que se enseña en la Maestría el periodismo que brinda información valiosa para que la sociedad tome decisiones adecuadas.
Por su parte, Miguel Wiñazki, presidente del Consejo Asesor de la Maestría y secretario de Redacción de Clarín, reflexionó sobre el “antiperiodismo”. “El periodismo es un valor; el antiperiodismo, su sombra contemporánea, es un disvalor activo. Porque el antiperiodismo no es, como suele creerse, una crítica al periodismo. Una crítica al periodismo es legítima, necesaria y, la practicamos nosotros mismos cada día. El antiperiodismo es otra cosa. Es el odio a la mediación”, expresó.
Wiñazki describió la nostalgia por el antiperiodismo como “una nostalgia teológica” que anhela una conexión directa entre el poder y los ciudadanos, sin intermediarios ni voces críticas. Afirmó que el ataque desproporcionado al periodismo busca encubrir intereses ocultos. “Defender el periodismo es defender una función pública sin la cual no hay república posible: la función de que alguien pregunte cuando los demás callan, y de que esa pregunta tenga la dignidad de ser pública. Quien no quiere que existan intermediarios no quiere ciudadanos: quiere súbditos (…) El antiperiodismo entonces es la prosa del feudo. El periodismo es la sintaxis de la república”, concluyó.
Kirschbaum concluyó dándoles la bienvenida a este apasionante campo profesional, pero no sin advertir: “Primero, es una profesión en peligro. Segundo, la supervivencia del periodismo depende, entre otros factores, de nosotros mismos”. También abordó los constantes ataques del Gobierno hacia los medios de comunicación, reiterando sus preocupaciones sobre la percepción negativa hacia el periodismo.




















