Una de las razones señaladas para explicar esta diferencia es el perfil de los usuarios. Las fintech suelen prestar a personas que cuentan con poco o ningún historial crediticio, por lo que existe mayor incertidumbre sobre su capacidad de pago. A esto se suman los costos impositivos, las limitaciones para realizar cobranzas y las diferencias en las fuentes de financiamiento respecto de los bancos.
Desde la Cámara Argentina Fintech señalaron que las tasas de los préstamos personales son elevadas en todo el sistema financiero. Como referencia, el refinanciamiento de los saldos de tarjetas de crédito bancarias presenta un costo financiero efectivo anual que ronda en promedio el 140% en las principales entidades y puede superar el 200% en algunos casos.
Según la entidad, entre los factores que explican este escenario se encuentran la baja profundidad del sistema financiero argentino, la escasez de ahorro de largo plazo en pesos, el incremento de la morosidad y la volatilidad económica.
Las diferencias de tasas también se observan entre las propias billeteras digitales. En el caso de Mercado Pago, por ejemplo, los préstamos personales presentan una TNA que parte del 48%, con un costo financiero total efectivo anual del 76,36%, y puede llegar hasta una TNA del 249%, con un CFTEA de 1.375,94%.
La tasa se determina de acuerdo con el perfil de riesgo de cada usuario y puede modificarse a medida que construye historial y demuestra un buen comportamiento de pago. Para quienes todavía no cuentan con antecedentes suficientes, la plataforma ofrece inicialmente montos reducidos y condiciones más costosas, que pueden mejorar posteriormente si se mantiene un comportamiento de pago adecuado.
En otras plataformas también existen diferencias importantes. Ualá ofrece préstamos personales con una TNA que va del 62% al 170%. Al incorporar impuestos y otros costos, el costo financiero efectivo anual se ubica entre 107,09% y 568,94%.
En Naranja X, los préstamos personales parten de una TNA del 72% y llegan al 136%, equivalentes a tasas efectivas anuales de 101,22% y 262,66%, respectivamente.
La comparación con los bancos muestra que las tasas también presentan una amplitud considerable dentro del sistema tradicional. En Banco Galicia, los préstamos personales tienen una TNA que parte del 79% y llega al 142%, mientras que el costo financiero total efectivo anualizado con IVA se ubica entre 150,86% y 398%.
En Banco Macro, la TNA va del 55% al 86%, con un costo financiero total efectivo anual de entre 91% y 171,27%. En Banco Nación, en tanto, la tasa nominal parte del 56% y llega al 91%, con un CFTEA de 93,32% y 186,76%, respectivamente.
El costo financiero total reúne los intereses, comisiones, cargos e impuestos asociados a un crédito. Cuando se trata de préstamos de muy corto plazo, la anualización de esos costos puede generar porcentajes particularmente elevados. Esto no significa que ese porcentaje se aplique directamente sobre el capital durante todo el período del préstamo, aunque el indicador resulta relevante para comparar alternativas y debe informarse junto con el monto recibido, el total a devolver y el plazo.
El ministro de Economía, Luis Caputo, consideró que las billeteras digitales no tienen impedimentos para cobrar las tasas que ofrecen, aunque calificó como equivocada la estrategia comercial cuando se aplican costos elevados.
Una de las principales diferencias entre las fintech y los bancos está vinculada con el fondeo. Las entidades financieras pueden captar depósitos y utilizar parte de esos recursos para otorgar préstamos, mientras que las fintech tienen restricciones para utilizar los fondos de los usuarios con ese objetivo. Por eso, deben recurrir a otras fuentes, como líneas de crédito, fideicomisos, obligaciones negociables y financiamiento proveniente del mercado, que pueden resultar más costosas.
También incide la estructura impositiva. Los impuestos pueden representar una parte significativa del costo de un crédito y se suman otros tributos, como Ingresos Brutos y el impuesto a los débitos y créditos, además del IVA aplicado en determinadas operaciones.
Otra diferencia está relacionada con las herramientas de cobranza. Los bancos pueden, en determinadas circunstancias, debitar automáticamente las cuotas de un préstamo cuando el cliente recibe su salario u otros ingresos en la misma entidad. Las fintech no cuentan con esa misma posibilidad.
A pesar de atender a personas con antecedentes crediticios limitados, los datos disponibles hasta mayo muestran que la morosidad se distribuye entre distintos tipos de proveedores de crédito. En ese momento había 5,8 millones de personas en situación irregular, aunque algunas mantenían deudas con más de una entidad.
Del total, unas 2,4 millones de personas, equivalentes al 17% de los deudores, tenían obligaciones con bancos. Una cantidad similar registraba deudas con fintech, representando el 23,6% de sus respectivas carteras. Otros 2,7 millones de personas, el 50,8%, tenían atrasos con proveedores como mutuales, tarjetas de crédito extrabancarias, fideicomisos y otras entidades.
Desde Mercado Pago señalaron que su nivel de morosidad se encuentra en línea con el registrado por los principales bancos privados cuando se considera el segmento de personas físicas. También sostuvieron que ese nivel es comparable con el de la banca privada pese a incluir usuarios que tradicionalmente presentan mayores dificultades para acceder al crédito, y que se encuentra por debajo del promedio de las entidades no bancarias.
La expansión del crédito digital permitió incorporar al sistema formal a personas que anteriormente tenían dificultades para obtener financiamiento. Al mismo tiempo, las diferencias de tasas y costos muestran que el acceso al crédito no implica necesariamente condiciones uniformes para todos los usuarios y que el perfil de riesgo, el plazo y los cargos asociados resultan determinantes al momento de calcular cuánto termina costando un préstamo.




















