La situación dio un giro inesperado, resultando electo el hijo del ex presidente y candidato respaldado por Javier Milei. Lula tampoco logró evitar el balotaje, que se vislumbra como un escenario complicado, a pesar de que él mismo se muestra confiado en su capacidad para enfrentar debates, en referencia a la segunda vuelta del 25 de octubre, que decidirá al nuevo presidente del país vecino.
Dentro del peronismo quedó un sabor agridulce tras las elecciones, no únicamente por el resultado en sí, sino por las implicancias que este puede tener en América Latina. Si se materializa el triunfo en el balotaje, la preeminencia de Bolsonaro consolidaría un giro ideológico a favor de la derecha en la región, una tendencia que ya se observa en países como Chile, Ecuador, Colombia y Costa Rica.
La posible victoria de Lula marcaría, a nivel continental, el último eslabón de una transformación de ciclo que comenzó con Donald Trump y continuó con Javier Milei. En el peronismo, analizan que el presidente argentino puede encontrar una oportunidad para fortalecerse políticamente, aunque consideran que la microeconomía será el eje central del debate electoral del próximo año.
Algunos referentes sostienen que Milei podría sumarse a la lista de oficialismos que no logran sostener el proceso político en situaciones de reelección, con solo cuatro triunfos en las últimas 25 elecciones, lo que representa una clara alerta para la Casa Rosada y un argumento sólido para que el peronismo establezca un orden de cara a las elecciones de 2027.
“El triunfo de Bolsonaro beneficia a Milei en su narrativa, pero lo verdaderamente significativo es la elección de Trump. Esta elección legislativa en Estados Unidos será crucial para determinar cómo nos planteamos el año electoral en nuestro país”, reflexionó un dirigente justicialista con experiencia en relaciones internacionales.
La contienda legislativa estadounidense podría confirmar la trayectoria iniciada por Trump, o funcionar como un indicativo de alerta para el Gobierno nacional, que se sostiene de la gestión del presidente estadounidense. Trump comenzó esta tendencia, que se ha extendido en América Latina en los últimos tres años, y el reto será renovarla. Solo los resultados determinarán si este ciclo ha llegado a su fin o si se avanza hacia una nueva etapa que afiance cambios y detenga las fluctuaciones observadas en las recientes elecciones de varios países sudamericanos.
En el peronismo, se siente un pesimismo sobre la posibilidad de que Lula se imponga en el balotaje. Frases como “va a estar difícil” o “tiene una campaña complicada por delante” son recurrentes en distintas oficinas del movimiento. Sin embargo, algunos mantienen esperanzas vinculadas al elevado ausentismo registrado en la votación.
La diputada Victoria Tolosa Paz, quien estuvo presente en Brasil apoyando a Lula, destacó que “hay nueve millones y medio de votos que se diseminaron entre otros candidatos. Existe una posibilidad limitada de que esos votos se dirijan a Lula, pero dependerá de cómo él logre atraer a esos votantes. Lo más relevante es que hay 29 millones de brasileños que no votaron”.
“Es fundamental observar cómo reaccionará la ciudadanía. Hay elementos esperanzadores, ya que la tasa de ausentismo es considerable. La insatisfacción con la representación política es notable. En Argentina, creo que el ausentismo puede considerarse una fuerza política”, afirmó el diputado Diego Giuliano, presidente del Frente Renovador.
Se percibe en el justicialismo una posibilidad de que Lula logre un resultado positivo, aunque las proyecciones no son definitivas. El impacto del reciente domingo fue contundente, y ahora queda esperar el inicio de una intensa campaña que desvele las tendencias hacia el balotaje.
Entre la noche del domingo y la jornada de ayer, surgió en diversas oficinas peronistas una hipótesis que comenzó a circular en redes sociales: la posibilidad de que el hijo de un líder político encarcelado pueda ganar elecciones, transmitiendo la identidad y el mensaje político de su progenitor.
El triunfo de Flávio se relaciona con el caso de la presidenta de Perú, Keiko Fujimori, hija de Alberto Fujimori, quien estuvo en prisión y falleció en 2024. Ambos lograron el éxito en medio de la sombra de sus padres encarcelados, una referencia que de inmediato remite al caso argentino de los Kirchner.
La posibilidad de que Máximo Kirchner sea candidato a presidente el año próximo tiene cierta fundamentación, especialmente considerando su conflicto con Axel Kicillof, principal postulante del peronismo, y los esfuerzos que ha estado realizando para elevar su perfil como líder de La Cámpora. No obstante, en el kirchnerismo se aborda el tema con precaución, sin descartar totalmente dicha opción.
“La gente no desea nuevas melodías. Al menos en Brasil”, ironizó un camporista, en referencia a la frase de Kicillof y al peso del apellido del ex presidente en la elección brasileña. En el ámbito kirchnerista, se repite que la candidata del espacio sigue siendo Cristina Kirchner. Sin embargo, si no hay un cambio en su situación judicial que le permita participar, surge la interrogante sobre la potencial candidatura de un Kirchner. No hay certezas.
Un dirigente asociado al kirchnerismo expresó su reflexión sobre las limitaciones actuales: “Máximo tiene una alta imagen negativa. Además, aún está profundamente inmerso en la interna con Axel. Debería haber trabajado para mostrar un perfil diferente, menos confrontativo. Sin embargo, continúa aferrado a esa postura”.
Lo cierto es que el líder de La Cámpora se posiciona como un potencial candidato para el próximo año dentro del peronismo, pero resulta incierto hacia qué puesto se orientará. Podría optar por renovar su banca en Diputados, aspirar a la gobernación o, eventualmente, si las circunstancias lo permiten, lanzarse a la carrera presidencial. Estas son especulaciones que circulan en el ámbito kirchnerista, sin una base concreta en las decisiones de quienes protagonizan esta historia.




















