Las cancelaciones frecuentes, los cambios de itinerarios y la reciente decisión de dejar de operar en Jujuy profundizaron la incertidumbre. Primero fueron pequeñas agencias las que suspendieron la comercialización de los vuelos y posteriormente se sumaron grandes plataformas de viajes.
Para las agencias, la falta de previsibilidad y el deterioro en la calidad del servicio transformaron una actividad que inicialmente representaba una oportunidad comercial en un riesgo operativo y financiero. Los cambios y cancelaciones generan reclamos de pasajeros, mayores tareas de gestión y posibles pérdidas de clientes para las empresas que venden los pasajes.
La situación también generó preocupación en Perú, donde Flybondi mantiene la ruta entre Puerto Iguazú y Lima como parte de su presencia en mercados internacionales. Entidades del sector turístico de ese país habían advertido sobre el traslado de costos hacia las agencias locales y expresaron preocupación por la falta de estabilidad operativa, la irregularidad y el incumplimiento de vuelos programados.
En la Argentina, algunas agencias decidieron directamente suspender la comercialización de los tickets después de que pasajeros quedaran varados como consecuencia de las modificaciones en los vuelos. La falta de certezas sobre la prestación del servicio llevó a otras empresas del sector a adoptar la misma medida.
La retracción también alcanzó a las principales plataformas de venta online. Los vuelos de Flybondi dejaron de aparecer en los resultados de búsqueda de algunas de ellas, mientras la aerolínea continuaba ofreciendo pasajes de manera directa a través de su página web, que recientemente dejó de funcionar.
Las plataformas señalaron que se trataba de medidas vinculadas con la situación operativa y con la integración de los sistemas de venta de la aerolínea con terceros, y dejaron abierta la posibilidad de volver a ofrecer sus vuelos si las condiciones mejoran.
La decisión de las agencias argentinas se produjo antes de las restricciones adoptadas por Brasil. Ese país había impedido a Flybondi vender pasajes para las rutas hacia Florianópolis, Maceió y Salvador, a las que se sumó posteriormente la conexión con Río de Janeiro.
Durante julio, Flybondi canceló el 79% de sus vuelos hacia Brasil. En el primer semestre del año, además, concentró casi tres cuartas partes de todas las cancelaciones registradas en la Argentina.
La situación se agravó durante el mes siguiente, cuando la compañía llegó a paralizar completamente sus operaciones en determinadas jornadas. También hubo tripulaciones suspendidas hasta septiembre y reclamos de exempleados por salarios e indemnizaciones pendientes.
A las dificultades operativas se sumaron problemas judiciales. Tres juzgados federales ordenaron embargos sobre cuentas bancarias de Flybondi por casi $1.500 millones, a partir de un pedido de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). La medida se relaciona con deudas acumuladas con el fisco que superan los $1.250 millones.
Pese a este escenario, en el sector turístico existe preocupación por la pérdida de participación de Flybondi debido al impacto que puede tener sobre la conectividad de determinados destinos. En algunas zonas, la oferta de vuelos de bajo costo resulta relevante para mantener tarifas competitivas y facilitar el acceso al transporte aéreo a pasajeros que, de otro modo, podrían no viajar en avión.
La crisis de la aerolínea, de esta manera, también repercute sobre las agencias de viajes y sobre los destinos que dependen de una mayor oferta aérea para sostener alternativas de conectividad y precios más accesibles.




















