A más de dos años del cambio en la dirección política, el consumo en Argentina ha dejado de ser un fenómeno uniforme, reflejando una economía que se ha vuelto más desigual y diversificada. Esta nueva fase presenta un panorama empresarial complejo donde coexisten signos de recuperación junto con crecientes disparidades, tanto entre diferentes sectores económicos como entre regiones y grupos socioeconómicos.
Un reciente informe de la consultora MAP Latam indica que, aunque el consumo privado ha superado los niveles de 2023, esta mejora no es generalizada. La recuperación se concentra en pocos sectores específicos: el mercado de autos, motos y electrodomésticos encabeza la lista, beneficiándose de opciones de financiamiento y de una reducción relativa de precios en comparación con los servicios.
“Estamos en medio de una transición hacia un nuevo mapa de consumo, que todavía no terminó de consolidarse”, resume Juan Pablo Ronderos, director de MAP Latam. “En los segmentos de ingresos medios y altos, el crédito sigue impulsando la compra de bienes duraderos, incluso en versiones más premium. Es un cambio estructural, pero el punto de llegada todavía no está claro”, añadió.
Entre los sectores beneficiados por el nuevo enfoque, el automotor se destaca. A pesar de que comienzan a registrarse señales de desaceleración, estas ocurren sobre niveles de recuperación muy elevados. En los primeros dos meses de 2026, se patentaron 108.480 vehículos nuevos, lo que representa una disminución del 4,9% en comparación con el mismo período de 2025; sin embargo, en relación con el mismo lapso de 2023, el mercado ha crecido casi un 35 por ciento.
En contraste, el consumo masivo enfrenta desafíos significativos. Las ventas en supermercados han mostrado caídas reales considerables; según los últimos datos de Scentia, el año comenzó con una disminución del 1,1% en las ventas de alimentos y bebidas, en un contexto de salarios que no logran recuperarse y un mercado laboral que se mantiene débil.
“La recuperación no es homogénea y depende de múltiples factores: empleo, salario, precios relativos y acceso al crédito”, explica Ronderos. “Los sectores con mayor expansión, como la pesca, hoteles y restaurantes, y el agro, tienen un peso relativamente bajo en la masa salarial total, lo que limita su capacidad para aumentar el ingreso agregado. En contraste, sectores más relevantes en términos de empleo han mostrado un rendimiento débil o contraccionista. La construcción ha visto una caída de su actividad más pronunciada (-12,7%), mientras que la industria (-2,6%) y el transporte (-4,8%) también están en negativo, afectando de manera significativa los ingresos en áreas de alta ocupación, mientras que el comercio, que es uno de los principales empleadores, se ha mantenido prácticamente estancado”, señalaron desde MAP.
Por último, el panorama del consumo empieza a mostrar fragmentación geográfica. “No nos dirigimos hacia un esquema homogéneo: el nuevo escenario también será desigual, pero por razones diferentes”, concluyeron los analistas.



















